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Como en un juego de espejo, Agnès Varda se mira a sí misma y a su obra y cuenta y se cuenta. Una primera persona que no deja de ser emotiva, cercana y hasta respetuosamente elogiosa con su propio trabajo. El documental tiene sobre el comienzo una extensa lista de colaboradores, agradecimientos, equipos técnicos; esos créditos que suelen ponerse sobre el final y que actualmente (tal vez debido a esa suposición que reza que “nadie lee”) pasan demasiado rápido; esta lista se ubica al comienzo y se toma su tiempo. Una marca interesante que propone Varda como una clave de lectura que irá desplegándose a lo largo de su trabajo. El cine es un trabajo en equipo que va desde aquello íntimo, intuitivo – lo llama ella- hasta la realización de cada obra como un trabajo grupal, ese recorrido que va de lo privado hasta lo público que ella denomina como una travesía entre la inspiración, la creación y el compartir. Una hermosa manera de incluir al espectador como pieza indispensable del proceso creativo que para Agnès siempre es el obligado destinatario de cada obra. Desde un escenario, ella cuenta su experiencia cinematográfica a un teatro repleto de espectadores que la escuchan y la ven con suma atención, replicando su proceso creativo; desde lo íntimo hacia lo público. En este lugar inicial la realizadora repasa su obra mientras habla de ella, de su cine y de sus ideas estéticas – nunca separadas de lo político- a lo largo de su carrera.

No solo de cine se habla en este documental, sino que además se releva la mirada de la directora sobre algunos temas que hoy nos ocupan por ejemplo el feminismo. Autodeclarada feminista desde siempre, Agnès no deja de imprimir este sello en sus obras como Cleo de 5 a 7su película más famosa – según ella misma – o Sin techo ni ley,Los espigadores y la espigadora o Réponses de femmes. Y no solo en el aspecto temático sino en el formal hay una mirada feminista – que no deja de ser femenina- en sus trabajos. El modo en que encuadra los rostros, las manos, los cuerpos de sus protagonistas releva su mirada sobre el tema, por ejemplo, en Cleo de 5 a 7 transforma un movimiento de cámara en una postura ideológica, de ver a la mujer como un objeto a verla en su propia subjetividad. La cámara siempre acompaña sus posturas ideológicas.

Presentado como una especie de “master class” este documental biográfico se conjura como una suerte de ejercicio testamentario, como un amoroso modo de dejarnos sus pensamientos acerca del cine y de la vida en general y como un agradecimiento a sus actores, colaboradores y su público. Unos meses antes de su muerte la realizadora presenta este documental en el Festival de Berlín que finalmente ve la luz en nuestras salas cuando ella ya no está físicamente. Un circulo perfecto a sus ideas sobre el cine, siempre queda la obra. Un corpus que celebra la obra como premisa central, que celebra el trabajo, que celebra el paso del tiempo, los amores y las amistades, las obsesiones y las técnicas.

Nada ha dejado de evolucionar desde que Vardá se acerca al cine por primera vez, allá sobre el final de los cincuenta y principios de los sesenta; sin embargo, estos cambios son acompañados por Agnès con alegría y con respeto. Conmueve el modo en el que la directora se va adecuando a nuevos modos de producción que suponen nuevas reflexiones acerca de la materia cinematográfica. Un gran gesto de grandeza de su parte. Tal vez, este sea uno de esos documentales en los que el paso del tiempo sea su materia esencial. Un tiempo que se tensa entre la temporalidad objetiva de las películas y el relato de la propia Agnès sobre su profesión y su vida. En esta tensión entre el tiempo de las películas y el tiempo de la vida se juega este encantador documental.

Una lección de cine, un relato propio acerca de los materiales cinematográficos y su cruce con lo ideológico, un conjunto de ideas acerca de la evolución cinematográfica, la palabra de una visionaria acerca de temas que ahora – en este presente tan convulsionado- son un referente obligado, su concepción acerca de la ficción y el documental como una pareja que se invade y se respeta; quedan plasmadas afortunadamente en Varda por Agnès; un trabajo que podremos revisar cada tanto para confirmar la genialidad, la inteligencia y la emoción de una realizadora pionera en todos los sentidos posibles. 

VARDA POR AGNÈS
Varda by Agnès. Francia, 2019.
Guion, dirección: Agnès Varda, Didier Rouget. Intérpretes: Agnès Varda, Sandrine Bonnaire, Hervé Chandès, Nurith Aviv, Esther Levesque. Producción: Rosalie Varda, François Décréau, Julia Fabry. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 115 minutos.

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