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No se puede escribir sin nocotina”, dice Michel Houellebecq en un momento de Thalasso, una de las tantas escenas del segundo artefacto autorreferencial, un intelectual muy conocido en el mundo, autor de varias novelas amargas y misántropas (Plataforma, El mapa y el territorio, Las partículas elementales, Sumisión). Lo cierto es que el chiste cinematográfico empezó hace cinco años con El secuestro de Michel Houellebecq, una sátira a cargo del realizador Guillaume Nicloux sobre el ego desmedido y el fin de la civilización occidental tal como se la conoce, mientras que el escritor se hace amigo de sus secuestradores.

Ahora es el turno de Thalasso, en donde el personaje distorsiona aun más el juego a hacer de sí mismo pero recuperándose de excesos varios y una vejez acelerada sobre cada centímetro del cuerpo maltrecho. Dicho así podría pensarse en una tragedia y efectivamente lo es, pero al igual que El secuestro… se trata de una corrosiva comedia, nuevamente aunque de manera lateral con los secuestradores y la presencia omnipresente de Gérard Depardieu, en plan Buddy movie, para compartir cigarrillos, vino y rebeldía adolescente frente a las estrictas normas de un carísimo centro de desintoxicación. Si se logra entrar en ese mundo de referencias literarias pero sobre todo en los detalles de una celebridad como Houellebecq (y por cierto, de Depardieu), la película es absolutamente disfrutable con su humor infantil y su levedad.

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