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Los cambistas somos el origen de todos los males”, dice el protagonista de la última película de Federico Veiroj (aquí la entrevista) en el comienzo, mientras en pantalla se ve una recreación del momento en que Jesús saca a latigazos a quienes convirtieron al templo en una especie de mercado. Pero esta no es una película bíblica, al menos no en el sentido clásico, es un relato sobre vivir en Montevideo cruzando a Buenos aires para hacer negocios.

Humberto Brause (Daniel Hender) es un atildado y correcto empleado de una agencia de cambios, pero no cualquiera, es el mejor, es hombre de confianza de su patrón y además, es el novio de la hija de su jefe el Sr. Swhensteiger, interpretado por Luis Machin. Brause hace todo lo que sea necesario para hacerse confiable a los ojos del dueño de la agencia de cambios y a la vez, sabe que se necesita algo más que lo correcto para poder avanzar en ese mundo. Mientras trabaja concienzudamente, trata de ser el mejor prometido posible para Gundrum (Dolores Fonzi), una chica de buena familia que canta en el coro de la iglesia y que se burla un poco de los formalismos de Brause, pero que a la vez se deja llevar por las leves transgresiones que el prometido le propone. La vida de Brause parece perfecta y acomodada pero debajo de esa superficie pasan cosas que Veiroj (El apóstata, La vida útil) nos muestra en dosis justas, como para que el relato se vaya enrareciendo de manera tal que el espectador va entreviendo que hay algo oscuro y un poco desviado en el aparente camino recto de Brause.

Lentamente el empleado va ganando espacios en la empresa, un poco por méritos propios pero también por ciertas audacias, movimientos fuera de lo acordado con su suegro. Brause acepta manejar plata sucia de políticos, algo que su jefe nunca había aceptado. No es que todo le salga bien pero está claro que a Brause no lo van a agarrar así nomás y si lo agarran en todo caso sabrá usar la caída para volverse más poderoso. Así, el apocado Brause va ganando espacios en la sociedad, sus movidas con los capitales que maneja se vuelven más audaces y más turbios, apoyando desde las sombras está Gundrum, que demuestra ser tan fría cómo su marido. Son una maquinaria, una empresa que se maneja en sociedad sin fisuras.

El relato salta en el tiempo de manera tal que se ven distintos momentos de la historia del Río de la Plata. Si los políticos aparecen como venales la mano dura de los grupos de choque de las dictaduras de las dos orillas y del vecino gigante, el gran país del norte de la zona: Brasil. Son igual de corruptos pero además son bestiales. Brause negocia con terratenientes brasileños, con grupos guerrilleros porteños y hasta con los torturadores uruguayos. Si las actuaciones de Fonzi y Hendler apuntalan el relato, es necesario resaltar el papel siniestro que interpreta Benjamín Vicuña.

Así habló el cambista es una muy buena película que hecha una mirada crítica sobre la vida diaria y los acontecimientos que sacudieron al cono sur de America entre 1950 y 1975. Un sólido relato con gran ambientación que se apoya en un reparto de gran solidez. 

ASÍ HABLÓ EL CAMBISTA
Así habló el cambista. Uruguay/Argentina/Alemania, 2019.
Dirección: Federico Veiroj. Intérpretes: Daniel Hendler, Dolores Fonzi, Luis Machín, Germán De Silva y Benjamín Vicuña. Guión: Arauco Hernández, Martín Mauregui y Federico Veiroj, basado en la novela homónima de Juan Gruber. Fotografía: Arauco Hernández. Música: Hernán Segret. Edición: Fernando Franco y Fernando Epstein. Dirección de arte: Pablo Maestre Galli. Sonido: Catriel Vildosola. Distribuidora: Buena Vista International. Duración: 97 minutos.

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