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Jayro Bustamante en la presentación de "La llorona".

En la mitad del Festival Biarritz Amérique Latine, queda claro que esta 28 edición cuenta con una potente programación que en buena parte refleja lo que pasa en el cine latinoamericano, con diversas miradas estéticas y políticas del subcontinente, donde los títulos de corte intimista dialogan con el cine que refleja la siempre compleja de la región.

Luego de la apertura a cargo de Las buenas intenciones, la nostálgica y luminosa opera prima de la argentina Ana García Blaya que participará en la competencia nacional del próximo festival de Mar del Plata, ayer la jornada comenzó La llorona, del ecuatoriano Jayro Bustamante, también responsable de la multipremiada Ixcanul (2015). El realizador aborda el genocidio ensu país de los pueblos indígenas a cargo de las fuerzas represivas con la excusa de la lucha contra la guerrilla.

La llorona tiene como punto de partida a ese personaje común a varias culturas, parte central de los rituales de la muerte, pero en este caso la historia tiene que ver con un general retirado que luego de ser exoneradopor las matanzas que efectivamente realizó contra el puebloindígena, comienza a ser horadado por el reclamo de justicia en su propio hogar desde lo fantástico y la culpa de su conciencia. 

La película de Bustamante dialoga y se complementa con Nuestras madres de César Díaz -que con este film ganó la Caméra d’Or en Cannes-, otra ficción programada en Biarritz que aborda el tema de los derechos humanos en Guatemala, esta vez desde la perspectiva de un antropólogo forense que busca a su padre desaparecido, mientras sigue su trabajo de identificar a las víctimasen las numerosas fosas comunes que siguen apareciendo en ese país.

También ayer tuvo su primera pasada en la coqueta sala del Casino La visita, de Jorge Leandro Colás (Los pibes, Parador Retiro, Barrefondo), que compite en la sección de documentales. La película concentra la experiencia de las mujeres que cada fin de semana visitan a sus esposos, sus padres, sus hijos, presos en la cárcel de Sierra Chica.La inclemencia del tiempo, los cateos humillantes, las veteranas que muestran el camino a las recién llegadas a ese particular universo, los cateos humillantes, pero también los vínculos solidarios que se van tejiendo entre las mujeres y el amor a prueba de todo con los internos, una serie de elementos complejos reflejadosen La visita, un documental extraordinario.

Por último y entre lo más destacado de esta primera parte de la muestra en este balneario exclusivo del sur de Francia, también se exhibió en la sede central del festival 1100, del rosarinoDiego Castro. Por estética y nudo dramático, la opera prima de Castro incluida en la competencia de ficción, podría considerarse como un relato proto Taxi Driver, como si el famoso Travis Bickle de la película de Martin Scorsese tuviera un sosias en Rosario pero en estado embrionario, es decir, sin el estallido pero con toda la furia contenida que espera el momento preciso para estallar. La película tiene potencial pero no termina de ser convincentey por cierto, algunos espectadores franceses coincidieron en la opinión de este cronista y no se privaron de manifestar su descontento con silbidos.

Publicado originalmente en el diario Tiempo Argentino.

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