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La Nueva Comedia Americana, con sus dosis de incorrección, absurdo y delicado equilibrio entre estupidez y sofisticación, viene influenciando a los autores locales en Io que pomposamente podríamos identificar con él -quizás espantoso- rótulo de Nueva Comedia Rioplatense. Y este atrevimiento conceptual viene a cuenta de que a ambos lados del charco tenemos exponentes interesantes. En Argentina probablemente el realizador que mejor representa esta tendencia es Ariel Winograd, cuyas películas poseen esa mezcla de incorrección, delirio y una buena dosis de cinefilia e interés en explorar los géneros. Y en rigor de verdad hay que reconocer que a su vez hay una comedia uruguaya con personalidad propia que en el nuevo milenio acumuló un puñado de obras entre las que podemos destacar 25 Watts, La perrera, Acné o Gigante. Películas que suelen combinar cierto laconismo, humor a cara de piedra y unos protagonistas perdedores. Un poco de todo esto es lo que podemos reconocer en Porno para principiantes, comedia uruguaya en coproducción con Argentina y Brasil, segundo largometraje de Carlos Ameglio, quien ya viene incursionando en la comedia desde su primera película, La cáscara, y en la serie Psiconautas. 

El protagónico está a cargo de Martín Piroyansky, nombre habitual de esta nueva comedia local, integrante de esa suerte de Frat Pack vernáculo junto a Daniel Hendler, Valeria Bertuccelli, Inés Efrón o Alan Sabbagh, entre otros. Piroyansky interpreta a Víctor, cineasta amateur con ínfulas de artista y un presente laboral modesto como cadete en el banco dirigido por su suegro. En los días que preceden a su boda con la hija de su jefe y casi resignado a la frustración de sus sueños, al punto de intentar vender su cámara para pagar una insignificante parte de la fiesta, recibe a través de Aníbal, su amigo videoclubista (Nicolás Furtado) la oferta de Boris, un empresario turbio (Daniel Aráoz), para filmar una porno protagonizada por Ashley Cummings, una pornstar internacional interpretada por la brasileña Carolina Mânica. Estamos en los 80, era no solo de los videoclubs sino también de las porno con argumento, y este encargo va a poner en jaque todas las ideas de Víctor no sólo en cuanto a su autopercepción como artista sino también a sus planes de casamiento ya que en medio del rodaje termina enamorándose de su estrella. 

La historia está contada desde un presente en la actualidad donde el protagonista ya mayor, convertido en sacerdote a cargo de una Iglesia de pueblo en Italia, relata sus días montevideanos de cineasta Triple X. Este relato se da en el confesionario con la curiosa e interesante inversión de que es el cura y confesor el que relata ese pasado de pecador a un visitante que se presenta como investigador de cine porno y que paulatinamente irá revelando otras intenciones. El film participa también de esa otra tendencia en boga que es el revival de los 80, que en su mayor parte nos lo viene a recordar el personaje de Aníbal con sus VHS, sus walkie talkies y su esperpéntico mullet, al que por algún motivo acá llamábamos corte cubano. 

Ameglio despliega una buena dosis de cinefilia que se expresa desde las citas a Wenders a la idea ridícula, pero coherente con el personaje de Víctor, de convertir el encargo en una versión porno de La novia de Frankenstein de James Whale. Esta cinefilia implica también la mezcla de géneros, o más bien el interés por parodiar sus reglas y convenciones (algo que comparte con el ya mencionado Winograd). Así tenemos un poco de comedia de 

enredos, algo de costumbrismo, personajes turbios del policial, una persecución final propia del cine de acción y toques de melodrama familiar 

En Porno para principiantes se manejan influencias varias y de la Nueva Comedia Americana tenemos la parte guarra, la ambientación en el mundo del porno, los múltiples chistes de sexo, la posibilidad de estar un rato hablando de la fotogenia o no de una pija. Pero a su vez hay una impronta dada por sus personajes protagónicos, Víctor y Aníbal, que podrán ser vanidoso y caprichoso el primero o desubicado y de pocas luces el segundo, pero ambos son esencialmente bienintencionados y bastante ingenuos, lo cual termina impregnando el resto del film, alejándolo de la canchereada o la sordidez que el tema podría hacer suponer y dándole un tono general más amable e inocente. 

PORNO PARA PRINCIPIANTES 
Porno para principiantes. Uruguay/Argentina/Brasil, 2018.
Dirección: Carlos Ameglio. Intérpretes: Martín Piroyansky, Nicolás Furtado, Carolina Mânica, Nuria Fló, Daniel Aráoz, Roberto Suárez. Guión: Carlos Ameglio, Leonel D’Agostino, Bruno Cancio. Fotografía: Diego Rosenblatt. Música: Alexandre Kassin. Edición: Mariano Baez. Dirección de Arte: Constanza Giordano. Producción: Mariana Secco, Ignacio Rey. Jefatura de producción: Verónica Andrich. Coordinación de producción: Cecilia Mato. Distribuye: Primer Plano. Duración: 93 minutos.

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