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Las primeras imágenes de El rocío son bucólicas, de una belleza engañosa. La naturaleza, los cultivos, el sol, la presunta placidez. Los trabajadores rociando el campo con trajes protectores ya da una pauta para sospechar. El rocío que vemos goteando en las hojas o flotando en el aire no es el de la naturaleza y el agua cristalina sino el venenoso de los agroquímicos. Y al ver chicos jugando por ahí ya empieza a encender la alarma.

Sara (Daiana Provenzano) vive en una localidad de Entre Ríos junto a un campo periódicamente fumigado y, cuando su hija Olivia empieza a tener problemas de salud a causa de los pesticidas, se encuentra ante la necesidad de viajar a Buenos Aires para poder realizarle a la niña estudios más específicos. Para poder costearse el viaje se pone en contacto con un ex-compañero de su marido ahora preso y acepta el encargo de traer una cantidad de cocaína a la ciudad.

Hay en El rocío dos tramas principales que parece que van juntas pero no tanto. Por un lado aquella que tiene que ver con el envenenamiento de Olivia, la desesperación de Sara y el descubrimiento de otros casos en la zona a través de un médico del hospital local (Tomás Fonzi) que quiere juntar pruebas de la exposición de los pobladores a los agrotóxicos (aquello que Pino Solanas denunciaba en su documental justamente titulado Viaje a los pueblos fumigados). A partir de ahí, las amenazas, el abuso de poder, la falta de interés por la salud y la vida de la gente más humilde, la corrupción de las autoridades tanto policiales como sanitarias para acallar las denuncias. Un cuadro de situación que termina expresándose en salidas individuales y en un sálvese quien pueda.

Por otro lado, la línea que va por el lado del thriller policial, con su cuota de sordidez, drogas, violencia, personajes marginales peligrosos e imprevisibles. El problema es que estas dos líneas están unidas de manera bastante arbitraria. Quizás como forma de mostrar las falta de salidas de la protagonista que la obliga a meterse en esta situación delictiva y peligrosa, pero lo que sucede es que a medida que avanza el relato se abandona a la cuestión policial perdiendo el eje de lo que se denunciaba en un principio, sin decidirse qué película quiere ser.

El film de Grieco está filmado con cierto preciosismo visual, con cuidados encuadres y movimientos de cámara y también una bella fotografía por parte de Alejandro Baltasar Torcasso. Pero también es un film que en varios momentos abusa de la cámara lenta y el subrayado musical para crear climas. Hay también momentos de belleza en pasajes más contemplativos donde a veces se detiene en un paisaje o en un momento familiar. Un virtuosismo formal que no está del todo acompañado por una trama, o más bien dos, la de denuncia y la policial, que repite gran parte de los tópicos habituales a ambos tipos de cine.

EL ROCÍO
El Rocío. Argentina. 2018:
Dirección: Emiliano Grieco. Intérpretes: Daiana Provenzano, Tomás Fonzi, Olivia Olmedo, Eva Bianco, Lorena Vega. Guión: Bárbara Sarasola Day, Emiliano Grieco. Fotografía: Alejandro Baltasar Torcasso. Música: Juan Nanio. Edición: Leandro Aste, Emiliano Grieco. Dirección de Arte: Ángeles Frinchaboy. Dirección de Sonido: Nahuel Palenque. Producción: Daniel Werner. Distribución: Compañía de cine. Duración: 78 minutos.

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