Compartir

El director francés Mikhaël Hers (Memory Lane, 2010; This summer felling, 2015) presenta una historia contemporánea, que lleva por título el nombre de su protagonista, Amanda, y que habla sobre los procesos de pérdida, el amor y los vínculos, en el seno de una familia que sufre las consecuencias de un ataque terrorista.

Amanda (la encantadora debutante, Isaure Multrier) tiene siete años y conoció la música de Elvis Persley a través de su madre Sandrine (Ophélia Kolb), quien le contó una anécdota sobre el cantante al finalizar un concierto. Una noche cuando los fanáticos esperaban e insistían en que el ídolo vuelva a salir al escenario, alguien les dijo: “Elvis has left de building” (Elvis ha dejado el edificio), una frase que anunciaba el final del show, y la evidencia de que no volverían a verlo.

Además de estar con ella, comparte la vida junto a su tío David (Vincent Lacoste), un joven de 24 años, hermano de Sandrine, que se dedica a pequeños trabajos en un edificio y en el parque local. David comienza a salir con una joven llamada Lena (Stacy Martin), a quien conoce recientemente, pero nada le impide dividirse y pasar el tiempo libre junto a su sobrina. Pero aquella felicidad apasaible, durante los primeros veinte minutos, cambariará abruptamente, cuando un ataque terrorista sorprende en la ciudad y en plena luz del día. Entre las víctimas que deja, se encuentra Sandrine. A partir de ese momento, nada será igual y David quedará junto a Amanda, asumiendo el dolor que comparten.

En su tercer largometraje, Mikhaël Hers opta por un formato clásico y en 16 mm, sin profundizar ni dar detalles del ataque. Sólo ofrece una muestra breve de la escena, lo suficiente para modificar el cambio de tono dentro del relato. Sin embargo, lo que se presenta el escenario apto para un drama intenso, Hers lo trabaja con los matices necesarios para alejarlo del melodrama.

Los personajes principales transitan juntos un duelo sorpresivo y obligado, y en ese sentir profundo y subjetivo, deambulan por la ciudad, y se mueven de casa en casa, en busca del equilibrio que perdieron. Ya no son los mismos, y el espectador, acompaña ese cambio interno y paulatino.

Uno de los logros de la película, es la elección del actor Vincent Lacoste junto a la pequeña Multrier. La interpretación del binomio familiar, transmite con naturalismo, la vivencia de la pérdida y la complicidad del amor que sienten. Las escenas fluyen en su devenir con ciertos subrayados musicales, destacando los pequeños detalles que hacen a los vínculos, y a los procesos individuales que les permitirán crecer.

En su paso por los Festivales internacionales, Amanda recibió en Venecia el premio Magic Lantem; fue elegida como mejor película y mejor guión en el Festival Internacional de Tokyo, y se llevó el Gran Premio del Jurado en el Festival Internacional de Santiago de Chile, 2018.

Amanda hace un largo recorrido por el proceso de cambios que atraviesan sus protagonistas, desviándose hacia otras subtramas, como el abandono de la madre de David y Sandrine. Si bien la historia gira en torno a la niña, el relato no se narra desde su punto de vista, pero permanece influido por aquella frase sobre Elvis, que funciona como una metáfora en la vida de Amanda. Una pequeña, que a pesar de no volver a ver a quien amaba, la vida la sigue iluminando de otra manera.

AMANDA
Amanda. Francia, 2018.
Dirección: Mikhaël Hers. Guión: Mikhaël Hers, Maud Ameline. Intérpretes: Vincent Lacoste Isaure Multrier Stacy Martin OphéliaKolb Marianne Basler Jonathan Cohen Greta Scacchi. Fotografía: Sebastien Buchman.Edición: Marion Monnier. Sonido: Dimitri Haulet, Vincent Vatoux, Daniel Sobrino. Música: Anton Sako, Matthieu Sibony. Duración: 106 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here