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La historia de Los Knacks en los 60 es breve y muy similar a otras historias de bandas que prometían y se quedaron en el camino. Fueron una de las primeras bandas de música beat en Argentina, influenciados por la British Invasion con los Beatles y los Kinks como referentes, fueron contemporáneos de los Shakers y los Mockers de Uruguay, con quienes compartían el hecho de cantar en inglés, y apenas anteriores a los Gatos, con quienes de todos modos llegaron a compartir cartel. Tuvieron un éxito considerable, rotación en radio, simples vendedores y recitales llenos, pero se separaron antes de editar un primer disco ya grabado cuando los acorraló la prohibición de la dictadura de Onganía de grabar en inglés y el auge del rock en castellano.

Si se hubiera concentrado solo en esto, el documental duraba menos de media hora y no se hubiese diferenciado de otras tantas historias de artistas pioneros que no obtuvieron el reconocimiento de otros que vinieron después, como el redescubrimiento de la joya oculta u olvidada reivindicada tardíamente. Pero por suerte la historia de los Knacks tiene secuelas, y más de una. Otras aristas que los realizadores Mariano y Gabriel Nesci supieron reconocer y aprovechar para que este cuento de perdedores que se niegan a resignarse se convierta en algo más complejo e interesante. Las múltiples, y a veces sorprendentes, vueltas del relato que incluyen además de su fugaz gloria, el descubrimiento inesperado en el nuevo milenio de un lugar de culto en varios puntos del exterior, luego el intento de montarse a ese pequeño auge para reiniciar la banda y los intentos muchas veces frustrantes de poner ese sueño nuevamente en marcha.

El problema de los integrantes nuevamente reunidos, y una de las claves del documental, es la pretensión de querer arrancar esta nueva etapa como si la pudieran retomar desde el punto exacto donde la dejaron, como si no hubiesen pasado más de cuarenta años y sin llegar a tomar conciencia del cambio dramático entre la escena que dejaron y el contexto actual de la música, de la industria, del consumo y de los medios. Y esto los convierte muchas veces en víctimas de un espejismo, dando casi por sentada una masividad a todas luces inexistente e improbable a futuro.

Todos los miembros son personajes por derecho propio, con sus propios rasgos, historias de vida y posturas personales fuertes. Y todos ellos tienen sus luces y sombras. A veces son queribles, a veces despiertan ternura o solidaridad, y a veces dan ganas de darles un sopapo para que se despabilen. Hay momento de humor, de empatía, de tristeza, y también de incomodidad generada mayormente por las ínfulas que a veces demuestran. Los realizadores les dan la palabra y los muestran en todas sus variantes, aun las más problemáticas, pero no se ríen de ellos ni los exponen a la burla. Los muestran en su complejidad humana. Y si por momentos surge la risa, porque el humor está muy presente, se nota también el cariño y la empatía que hay con estos personajes. Uno no deja de entender las ansias, las ilusiones y el comprensible deseo de reivindicación después de años de silencio y frustración. Como una suerte de revancha de la vida que ellos consideran merecida y que tanto realizadores como espectador también desean o comparten.

Hay un trabajo exhaustivo sobre el archivo, el de los 60 mayormente desconocido e inédito, que es todo un descubrimiento aún cuando no sobrevivieron filmaciones de la época, y también del archivo más actual (programas de TV o de radio) que es de lo más variopinto. Los realizadores siguieron a la banda por varios años (más de un lustro) y los acompañaron en varias circunstancias, algunas dramáticas, algunas conmovedoras, algunas desopilantes. Los Knacks… recuerda por momentos a otro rockumental como Anvil: The Story of Anvil (2008) en la forma en que muestra a un grupo que pelea en situaciones adversas que a muchas harían bajar los brazos con tal de seguir haciendo lo que aman, y siempre poniéndose de su lado. Porque ese es finalmente el mensaje final del film: que a estos viejos pioneros, poseedores de un empuje increíble, a veces un poco desconcertantes pero también queribles, aquello que los mantiene en movimiento, más allá del éxito, más allá del reconocimiento, y que le da sentido a sus vidas, es simplemente seguir juntos haciendo música.

LOS KNACKS: DÉJAME EN EL PASADO
Los Knacks: Déjame en el pasado. Argentina. 2018.
Dirección y Guión: Mariano Nesci, Gabriel Nesci. Reparto: Armando Aschenazi Morón, Carlos A. Castellani, Oscar Paz, Vicent Bullota, Eduardo Mykytow, Hernán Paz, Fernando Pioli, Jorge Fernández. Fotografía: Sol Lopatín, Diego Poleri. Montaje: Alberto Ponce, Mariano Nesci. Música: Armando Aschenazi Morón, Carlos A. Castellani, Oscar Paz. Gabriel Nesci, Juan Pablo Adamo. Dirección de Sonido: Flávio Nogueira. Producción: Gabriel Nesci. Producción Ejecutiva: Miranda de Sá Souza. Distribuye: Primer Plano. Duración: 108 minutos.

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