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Después de sorprender con Hereditary en 2018, Ari Aster vuelve a las pantallas con una película que escribió y dirigió. Dicen que costó apenas nueve millones de dólares lo que para Hollywood es más o menos como decir que la filmó con casi por nada. Misommar vuelve a poner al realizador en el centro de la escena aunque esta vez las aguas están divididas.

En el comienzo Aster nos mete de lleno en la vida de Dani (Florence Pugh) y Christian (Jack Reynor), ambos son pareja desde hace unos años pero no están en su mejor momento y la razón de la situación difícil es en buena parte por la familia de Dani, que tiene una hermana bipolar que exige atención y cuidados. En cinco minutos Aster crea un clima de tensión que detona de la peor manera en forma de drama familiar y si, los que vieron Hereditary ya saben que el director sabe cómo hacer que el espectador sienta el golpe en la platea. El drama parece tener un alivio cuando la pareja decide irse de vacaciones a Suecia con los amigos universitarios de Christian. El plan parece ideal, un viaje que une descanso con algo de tarea académica participando de un ritual ancestral en el que forma parte la familia de uno de los amigos de Christian. Y entonces llegan al lugar donde se encuentran con un paisaje bucólico sacado de una postal.

El grupo de visitantes se instala y empieza a notar peculiaridades inquietantes de la aldea, pero nada que sea demasiado disruptivo hasta que el clima de festejos empieza a enrarecerse. La percepción de los visitantes comienza sentir los efectos de la ausencia de la oscuridad, estamos en pleno verano de la zona norte del mundo donde el sol no se va ni aunque sea medianoche. Pero si el hecho de no tener días y noches puede desquiciar a cualquiera, las actividades de la festividad que se celebra cada 90 años son perturbadoras y terminan por hacer mella en el grupo de visitantes que cuando se ve obligado a ser testigo de una escena ritual de exterminio, se quiebra entre los que quieren dejar esa aldea desquiciada y los que dicen que hay que ver un poco más antes de juzgar. Los ancianos les explican la lógica del ritual -que no tiene ninguna lógica- y los envuelven de manera tal que la percepción de la realidad de los jóvenes queda totalmente dislocada y desde ese momento hasta el final lo que se vive es un verdadero festival de horrores bizarros y momentos de gore desenfrenado.

El metraje original era de 171 minutos y le llevó arduas negociaciones al director llegar a los 142 minutos que llegaron a las salas, esperemos que el metraje que no se ve en el cine se pueda ver en el DVD o en algún lado.

Misommar se inscribe en lo que se conoce como “Terror folk” y si bien es cierto que hay una película que se llama El hombre de mimbre de la cual es obvio que Ari Aster ha tomado inspiración, la fuerza de las imágenes, el clima demencial que logra transmitir y la actuación de Florence Pugh valen cada peso de la entrada.

MIDSOMMAR
Midsommar. Estados Unidos/Suecia, 2019.
Dirección y Guión: Ari Aster. Elenco: Florence Pugh, Jack Reynor, Vilhelm Blomgren, William Jackson Harper, Will Poulter, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Isabelle Grill, Hampus Hallberg, Levente Puczkó-Smith. Producción: Patrik Andersson y Lars Knudsen. Distribuidora: BF + París Films. Duración: 147 minutos.

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