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Nina (Cristiana Capotondi) se muda junto a su hija a un pequeño pueblo de Italia para trabajar en una prestigiosa y lujosa clínica para ancianos. La institución está regida en parte por la iglesia y el sacerdote que le toma la entrevista de admisión no ve con buenos ojos el estatus de madre soltera de Nina y hasta le recomienda/ordena que no se pinte las uñas. De todos modos la contratan para tareas de limpieza y atención a los internos. El empleo es bien pago y le da a Nina una vivienda, estabilidad económica y la posibilidad de mantener a su hija con cierta tranquilidad. Pero los buenos tiempos duran poco y una noche es citada a su despacho por el director de la Clínica, quien intenta forzarla a tener sexo. Nina logra escapar y al tiempo descubre que su caso no es el único en la prestigiosa institución. Al principio duda pero finalmente decide denunciar el incidente asesorada legalmente por el sindicato. Este camino no va a ser fácil y le va traer una gran cantidad de problemas y hostigamiento tanto de la institución como por parte de algunas de sus compañeras. Pero Nina está resuelta a llevar su decisión hasta el final y, aun con unos cuantos factores en contra, llevar al abusador a juicio.

Con una evidente pretensión de alegato, bastante solemnidad y una puesta formal clásica. El film de Marco Tullio Giordana elige para validarse un tema trascendente y de actualidad, en este caso el del acoso sexual en el trabajo. El film, que arranca como drama de denuncia, deriva en thriller judicial, con abogados, expedientes, búsqueda de pruebas y testigos, alegatos, interrogatorios y la tensión propia del recinto forense. Cuando se maneja en los parámetros de este género es donde el film más hace agua, con agujeros de guión, elementos que se plantean y luego no se desarrollan y otros que aparecen sin anunciarse o se resuelven sin mayores explicaciones. Lo más rescatable es la actuación de su protagonista, Cristiana Capotondi, que se escapa de la linealidad en la que caen los otros personajes. Y también la posibilidad de incluir, en un relato que en sí es bastante simplista y superficial, algunos elementos que lo complejizan: La falta de solidaridad y, más aún, de sororidad por parte de sus compañeras, varias de las cuales también fueron víctimas; la hipocresía de una institución montada en la defensa de una supuesta moralidad pero que sostiene y apaña a un abusador sistemático en un pacto de silencio, el hostigamiento cotidiano sobre aquellas que se atreven a denunciar, y el tema que está en la base de problema que son las relaciones de poder y el abuso establecido y naturalizado por parte de quienes están encima en la pirámide.

Como film de denuncia no le escapa al trazo grueso y el didactismo que se expresa sobre todo en los diálogos explicativos y/o declamativos. A veces poco verosímil, a veces previsible, se presiente en el mismo una vocación de manifiesto, de pensarse como parte de una corriente, en este caso el movimiento #MeToo, de la que toma prestada cierta legitimidad y una relevancia que de otro modo no tendría. El planteo del tema en sí puede ser valioso para tomar conciencia de una situación, y a algunos quizás eso les baste, convencidos de que el tema ya justifica la obra y la disculpa de cualquier torpeza, cualquier subrayado.

EL VALOR DE UNA MUJER
Nome di donna. Italia, 2018.
Dirección: Marco Tullio Giordana. Reparto: Cristiana Capotondi, Valerio Binasco,Stefano Scandaletti, Michela Cescon, Bebo Storti, Adriana Asti, Michele Riondino,Laura Marinoni. Guión: Marco Tullio Giordana, Cristiana Mainardi. Fotografía: Vincenzo Carpineta. Música: Hani Adel. Montaje: Claudio Misantoni. Producción: Lionello Cerri, Hengameh Panahi. Distribuye: Ifa Cinema. Duración: 90 minutos.

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