Los Darín en la apertura de la 41° edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana.

Con la proyección de la película argentina La odisea de los giles de Sebastián Borensztein y la presencia de su director y sus protagonistas Ricardo Darín y el “Chino” Darín, comenzó la 41° edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, en la bella capital cubana.

El “Chino” contó ante la platea colmada del teatro Karl Marx –con capacidad para 5000 personas- que recuerda de su pasaje por esta ciudad acompañando a sus padres como invitados al festival y que para él resultaba muy emocionante estar en ese escenario, en esta ocasión acompañando a su papá además en la pantalla y en la apertura de una fiesta del cine como ésta.

Ricardo Darín, por su parte, recordó que llegó a La Habana anteriormente de la mano de dos películas: El faro de Eduardo Mignogna y Nueve reinas de Fabián Bielinsky. Habló de ambos cineastas ya fallecidos como sus queridos amigos, y tuvo un especial reconocimiento para el público cubano como un caso único de cinefilia y de amor por su festival.

La ceremonia tuvo su inicio con una suite del Cascanueces a cargo del Ballet Nacional de Cuba. Fue una forma con la cual el cine cubano -y toda la cultura nacional- rindió homenaje a la máxima bailarina y coreógrafa cubana Alicia Alonso, fallecida hace unos pocos meses.

Después de ese momento muy emotivo, la apertura oficial estuvo a cargo del presidente del Festival, Iván Giroud. Él refirió a la avanzada conservadora, fascista, homofóbica y racista que está irrumpiendo en nuestro continente. “Coherente con nuestra tradición, el programa insiste en presentar obras que aborden problemáticas que abordan las problemáticas y los desafíos que enfrentan los pueblos originarios, la memoria histórica del continente, los reclamos en torno a los derechos de las mujeres, las ingentes batallas libradas en los ámbitos de la cultura y la sociedad y la opción por una diversidad que dignifica y enaltece en sus más variadas expresiones”. La batalla por la igualdad debemos sostenerla entre todos, subrayó. Por eso mismo destacó la creación de la nueva sección llamada Mujeres ante la cámara.

Luego fue el momento de la proyección de la película de Borensztein, que el público cubano recibió –como lo hace siempre- con mucha efusividad y participación durante su desarrollo y un importante aplauso hacia el final.

Un poco de historia
El Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana es el vivo legado de un movimiento que tiene su genealogía en los encuentros surgidos en los años `60. Cineastas, actores, críticos, intelectuales, teóricos del cine participaron de intercambios más o menos formales, que cristalizaron de diferentes modos.

Iluminados por la revolución cubana y los procesos insurgentes en toda la región, se desarrollaron grupos de cine en Argentina (Cine liberación, Grupo Cine de Base), el Novo Cinema Brasilero, el grupo Ukamau en Bolivia o aparecieron nuevas corrientes de cineastas en Chile y Uruguay, entre otros. En este proceso algunos de los puntos más altos fueron el Festival de Cine de Viña del Mar (del cual en 1967 el Che Guevara fue presidente de honor) y los dos encuentros de Cineastas del Tercer Mundo, realizados en Argel, en 1973, y en Buenos Aires, en 1974.

Los inicios de la historia
El desarrollo del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana está íntimamente relacionado con lo que el cine significó para la Revolución Cubana. El ICAIC (Instituto de Cine Cubano) fue fundado al comienzo mismo de la revolución y fue constructor de la política de comunicación en ese nuevo momento. El cine fue tanto una herramienta especial de difusión popular del proceso revolucionario,  como un lugar donde la revolución se llevó a cabo. El cine cubano constituyó una revolución estética, lo revolucionario tuvo forma en el cine de los grandes realizadores cubanos surgidos en la década del ’60.

En relación con América Latina, el ICAIC fue uno de los espacios desde los cuales se pensó la región. Las instituciones culturales de la Revolución Cubana asumieron una proyección explícitamente internacionalista. La obra de Santiago Álvarez es un ejemplo insoslayable en la historia del cine mundial. Uno de los méritos indiscutibles del cine ha sido aproximar a Cuba con América Latina.

El Festival de Viña del Mar 1967, considerado el espacio fundacional del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, ha sido un espacio de encuentro fundamental. Un primer momento a partir del cual comenzaron a sistematizarse los encuentros de los diferentes actores relacionados con un cine que se identificaba con la región y con proyectos emancipatorios.
El comienzo de proceso de instalación de dictaduras en la mayoría de los países de la región, comenzando en 1973 con el golpe a Salvador Allende fue determinante para lesionar estos encuentros. Asesinatos, exilios, imposibilidad de organizar viajes y proyecciones, detuvieron el proceso de crecimiento de ese movimiento. El Festival de La Habana, fundado en diciembre de 1979, puede ser considerado el continuador de ese proyecto que nació en Viña del Mar.

El ICAIC actuó como un puente cultural entre La Habana y la intelectualidad de izquierda latinoamericana. En calidad de “sede” del Nuevo Cine, el Instituto canalizará gran parte de los esfuerzos en materia de resistencia a la ofensiva de las juntas militares que se abatió sobre el Cono Sur a lo largo de la década.
Luego de la creación del Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana (1979), la política regionalista impulsada por el gobierno cubano se consolidó con el establecimiento en territorio cubano de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (1985) y de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (1986).

En este sentido, uno de los fundadores y quien tal vez haya sido la figura más importante del cine cubano, García Espinosa, afirmó: “La Revolución Cubana ha hecho posible que nos dedicáramos con más seriedad al descubrimiento de América. Hoy conocemos más a América Latina y al Caribe”.

Argentinos en La Habana
Serán 27 los largometrajes argentinos entre ficción, documentales y filmes de animación, que participarán este año de la 41° edición del Festival Internacional de Cine de La Habana.
Cinco competirán por el premio Coral en la categoría largometraje de ficción: Un rubio de Marco Berger, El cuento de las comadrejas de Juan José Campanella, La deuda de Gustavo Fontán, La odisea de los giles de Sebastián Borensztein y Los sonámbulos de Paula Hernández.

Tres son las películas que competirán por el premio a mejor largometraje documental: Ficción privada de Andrés Di Tella, La vida en común de Ezequiel Yanco (Argentina) y Que sea ley, de Juan Diego Solanas. Mientras en la competencia de Óperas Primas participarán De nuevo otra vez de Romina Paula (Argentina) y la premiada Las buenas intenciones de Ana García Blaya.

En diferentes secciones fuera de competencia se presentarán Hombres de piel dura, de José Celestino Campusano, 4×4 de Mariano Cohn y la interesante Delfín, de Gaspar Scheuer.

En esta edición habrá un homenaje especial a la productora y cineasta argentina Lita Stantic, a quien Iván Giroud mencionó como “complice” de María Luisa Bemberg. “Ella nos descubrió a los más importantes directores del nuevo cine argentino de los años ‘90”, concluyó el presidente del Festival de cine de La Habana

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