Tati está entrando en la adolescencia. Vive con su padre con el que tiene una relación a veces distante, a veces tirante. Vive en la Isla Maciel junto al riachuelo (desde su casa pueden verse el Puente Avellaneda y el Transbordador) y su deseo, su vocación si es que cabe el término, es ser botera, cruzar un pasajero con un pequeño bote por unos pesos. Cuenta para ello con el bote de su padre pero este no quiere que ella siga ese oficio y sin aviso lo vende. Pero ante el hecho consumado Tati no va a resignarse y va a insistir tenazmente con su idea.

La botera, primer largometraje de Sabrina Blanco, es un coming of age, una película de iniciación y crecimiento. Tati lidia con buena parte de la problemática típica de la adolescencia: la búsqueda de la propia identidad, el sentimiento de inadecuación, la angustia ante el futuro. A esto se le suma además el hecho de atravesar esta etapa en medio de un contexto difícil, el de la pobreza y el de la incertidumbre diaria en el barrio. Tati carga con un sentimiento de inadecuación general: en su casa con su padre, en la escuela donde no rinde y con sus compañeras de colegio que muchas veces la acosan y maltratan. Apenas parece sentirse cómoda en un centro barrial donde algunos días va a colaborar o cuando sale a pasear con un amigo de su edad, un muchacho sensible y tímido que tampoco encaja bien en esa realidad y al que a veces la misma Tati tiene que defender.

El otro lugar donde Tati parece sentirse en su elemento es en el río. Es por eso que, a espaldas de su padre, empieza a frecuentar al joven que compró el bote para que le enseñe a remar. Con los días se arma con este una relación de cierta amistad y también una cierta tensión sexual. El deseo de Tati de convertirse en botera y su insistencia pese todo tiene que ver en parte con una actitud de rebeldía ante su padre y también con una suerte de rebeldía de género, ya que este es un oficio que solo realizan hombres. En parte se trata del intento de encontrar un lugar propio, y quizás también esté presente allí la fantasía de salir de la Isla, un deseo que expresa de forma explícita.

Tati además tiene que arreglárselas con su condición de mujer en ese contexto de precariedad y todo se le hace más difícil. Encontrarse con lo que quiere ser, con su deseo y su sexualidad. Un desafío que va resolviendo como puede, entre otras maneras, imitando. Convencida a medias pero con curiosidad, pintándose con el maquillaje que le roba a otras chicas o tratando de seducir tímidamente al chico del bote. Algo que se expresa bien en una sencilla y muy lograda escena donde primero observa a un grupo de chicas que ensayan una coreografía y luego lentamente se va sumando a ellas sin decir palabra.

El film se sostiene además en un elenco sólido donde se destaca la protagonista, Nicole Rivadero, que encarna a Tati y se carga toda su conflictiva con naturalidad y sin excesos, con convicción y carácter, expresando de manera creíble ese permanente conflicto entre lo que su personaje quiere ser (aún si a veces tampoco sabe muy bien qué es) y lo que se espera de ella. Y también se destaca Sergio Prina (a quien vimos como protagonista de El motoarrebatador) como el padre de Tati, quien tiene que ejercer su rol como puede y como le sale ante una hija en plena rebeldía, a la que quiere y por la que se preocupa, pero a la que muchas veces no sabe cómo manejar, reaccionando de manera torpe o violenta. La cámara sigue a la protagonista por el barrio y sus diferentes espacios cotidianos en un registro realista y casi documental. El relato fluye y va construyendo un retrato sensible, sin forzar golpes bajos y con una posición que es solidaria con estos personajes en situaciones adversas, y a la vez sin ceder a la condescendencia.

LA BOTERA
La botera. Argentina. 2019
Guión y Dirección: Sabrina Blanco. Reparto: Nicole Rivadero, Alan Gómez, Sergio Prina, Gabriela Saidon. Fotografía: Constanza Sandoval. Dirección de Sonido: Tiago Bello. Montaje: Valeria Racioppi. Dirección de Arte: Diana Orduna. Producción: Georgina Baisch, Cecilia Salim, Sabrina Blanco, Jessica Luz. Distribuye: Compañía de cine. Duración: 75 minutos.

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