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Desde hace años el documental se ha convertido en un género habitual en la producción audiovisual mundial y esa es una de las mejores noticias de este siglo cinematográfico. Sin embargo y más allá de poder realizarse con bajos costos de producción y equipos reducidos, sumado a la proliferación los apoyos para fomentos y la difusión multiplataforma más allá de la salas comerciales, gran parte de esa producción cayó en la estandarización de los formatos: multiplicación sin demasiado criterio de la mirada subjetiva, historias privadas como si cualquiera sea el modo en la que se cuente las hacen interesantes o relatos de personajes poco visibles, como si el solo hecho de seguirlos tuviera potencia poética o constituyera un discurso político impertinente ante los poderes.

Pero cada tanto aparece una obra que se destaca dentro del contexto general y ese es el caso de Niña mamá, de Andrea Testa, quien anteriormente dirigió otro documental que juega en espejo con este, Pibe Chorro. Además, junto con Francisco Márquez codirigió La larga noche de Francisco Sanctis, ganadora del BAFICI 2016.

En Niña mamá, Testa propone lo que habitualmente llamaríamos un trabajo de observación dentro de distintos hospitales del conurbano bonaerense, registrando momentos de la atención de los embarazos y partos de adolescentes que llegaron a ese momento sin desearlo.

Son embarazos no esperados dentro de relaciones consentidas, en la mayoría de los casos con parejas habituales. Las protagonistas son niñas de 13, 15 o 20 años, que en muchos casos tienen más de un hijo. Madres múltiples que a veces utilizan (mal) los métodos anticonceptivos o que desean ligarse las trompas. Son pobres, cuentan con diferentes espacios de contención afectiva y con diferentes niveles de conciencia sobre la maternidad que está por venir.

Testa filma desde una cercanía que no es habitual y propone al espectador una sensación de intimidad y calidez poco frecuente. Lo hace sin juicio, sin impronta moral y sin elegir las palabras de las protagonistas para acomodarlas a su propia convicción: la directora deja hablar a quienes no tienen voz, no manipula sus palabras ni carga de emoción innecesaria el relato.

Por este modo de presentar las situaciones, la película perfora todos los textos que construimos para debatir la legalización del aborto. Nos pone en un lugar mucho más complejo, ya no hablamos desde paradigmas pre configurados, sino que vemos como los cuerpos de estas pequeñas son parte de un régimen de sumisión, generalmente internalizado por esas niñas-madres. Sumisión ante el escenario familiar, ante el varón, ante el sistema médico, incluso ante los ojos de un otro imaginario, una sociedad supuesta que juzga e impone conductas.

Pero nada de esto está dicho por Testa, nada está remarcado. Allí donde podría haber cortes, música, fundidos, pasillos o guardias atiborradas, imágenes de contexto para señalar las carencias, ella decide ocultar el dispositivo cinematográfico para respetar la palabra y la gestualidad de las niñas-madres, para que el espectador pueda escucharlas, sentir afecto y no juzgar. Donde podría haber colores opacos o fríos y ajenos, elige el blanco y negro que devuelve belleza y afecto.

La comprensión surge aquí a través del cine y no negándolo. Testa logra que el espectador sea parte de ese proceso de observación, empatía y comprensión. Lo que sigue, entonces, es aprehender esta realidad para volver al punto del debate donde estábamos parados e intentar complejizar nuestro pensamiento, cualquiera sea nuestra posición ante la cuestión.

NIÑA MAMÁ
Niña mamá. Argentina, 2019.
Dirección: Andrea Testa. Guion: Francisco Márquez y Andrea Testa. Fotografía: Gustavo Schiaffino. Edición: Lorena Moriconi. Distribuidora: Pensar con las Manos. Duración: 66 minutos. En el MALBA, CCK, Alianza Francesa, Cine Municipal Select, Cine Helios de El Palomar, Sala Orestes Caviglia de Tucumán y Complejo Cultural Guido Miranda de Resistencia.

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