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Participant es una productora estadounidense que desde 2004 viene estrenando films de ficción y documentales con la intención de presentar ciertos temas políticos y sociales problemáticos, generar a partir de ellos un debate e incluso, si es posible, contribuir a un cambio. Se trata de una compañía independiente pero con resto suficiente para convocar a grandes estrellas y directores célebres y producir películas ambiciosas, entre ellas ganadoras de Oscars como Citizenfour (2014), En primera plana (2015) o Green Book (2018). Mark Ruffalo es una de esas estrellas, a la vez conocido por su interés y su militancia en temas políticos y sociales, entre ellos el cambio climático. Participant produce El precio de la verdad, un film que expone el caso de una gran corporación que durante años contamina y envenena un pueblo y la lucha por descubrir la verdad por parte de un abogado interpretado por Ruffalo, quien aquí también figura como productor. La asociación de ambos no es nueva (recordar por ejemplo En primera plana) y suena hasta natural.

No parece tan obvia la inclusión como director de Todd Haynes, no porque su cine no contenga elementos sociales y políticos claros (basta remitirse a Carol o Far From Heaven) sino porque el formato de thriller judicial al que este proyecto se adscribe, y que tiene una larga tradición en Hollywood, resulta un tanto extraño al universo del realizador de Velvet Goldmine o I’m Not There . Y aunque el film tiene una puesta atractiva, no es mucho lo que se reconoce de su obra pasada.

Basado en una historia real que se reveló primero en un artículo de investigación periodística publicado en 2016 en el New York Post, el film cuenta la investigación y la lucha del abogado Robert Bilott contra la corporación DuPont (responsable entre otras cosas de llevar el teflón a los hogares de todo el mundo) la cual envenena con productos químicos no autorizados un pueblo de West Virginia (y en donde Billot pasó parte de su infancia), aunque después se sabrá que el daño producido va mucho más lejos. Se trata de una historia que abarca más de veinte años y cuyos temas son complejos, tanto desde lo judicial como en cuestiones técnicas fundamentales para comprender los alcances del desastre producido por la compañía contra el medio ambiente y la salud pública. Y aquí es donde Haynes demuestra su talento como narrador para acercar al espectador estas complejidades en un formato comprensible e interesante.

El film podría dividirse en dos partes. Una primera mitad de investigación y descubrimiento y una segunda que se adentra ya de lleno en el drama judicial aunque sin tanto interés en la arena forense (son pocas las escenas de juicio propiamente dicho) como en la escalada del conflicto y las consecuencias de su exposición pública. En el medio de ambas está el momento bisagra en que Bilott llega a mensurar hasta qué nivel llegan las consecuencias de las acciones de la empresa, un descubrimiento que lo abruma y aturde. En una secuencia clave donde Billot le cuenta a su esposa los alcances de aquello que descubrió, y que se alterna con la narración de los hechos a su jefe en el bufete de abogados y en otro lugar al granjero que lo convocó en primer lugar para contarle por qué que las cosas son más graves de lo ambos se imaginaban, Haynes a través de un montaje ágil y una narración precisa logra transmitir a una cantidad de información compleja y que se remonta a varios años atrás, sin que sea un bodoque explicativo o didáctico y por el contrario hacerlo comprensible e interesante para el espectador y a su vez involucrarlo emocionalmente.

El film responde a una agenda y tiene una serie de hechos que exponer, pero balancea esta misión con el abordaje emocional sobre su protagonista, mostrando su derrotero de más de dos décadas, desde que un granjero lo convoca con una denuncia de envenenamiento en su campo, las resistencias que en principio tiene ya que como abogado corporativo (y así lo explicita) defiende empresas químicas, su progresivo involucramiento que pasado un punto ya no tiene vuelta atrás, y cómo todo esto lo afecta en lo personal, con su trabajo, con su familia y también con su salud. En un elenco estelar donde también se destacan Anne Hathaway y Tim Robbins, es Ruffalo el que carga sobre sí el peso del relato y muestra cómo la intensidad de lo que atraviesa lo va afectando en todas sus relaciones y hasta en su cuerpo. Dentro de un formato clásico, El precio del poder logra transmitir su mensaje con energía, a veces de manera efectista, pero creíble y eficaz. Se trata de la película más convencional de un director no convencional que incluso en estos terrenos es capaz de demostrar que es un autor talentoso e inquieto.

EL PRECIO DE LA VERDAD
Dark Waters. Estados Unidos. 2019.
Dirección: Todd Haynes. Reparto: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Bill Camp, Bill Pullman, Victor Garber, William Jackson Harper, Mare Winningham. Guión: Matthew Carnahan, Mario Correa, Nathaniel Rich. Basado en el artículo periodístico de Nathaniel Rich. Fotografía: Edward Lachman. Música: Marcelo Zarvos. Montaje: Affonso Gonçalves. Dirección de Arte: Jesse Rosenthal. Producción: Pamela Koffler, Mark Ruffalo, Christine Vachon. Producción Ejecutiva: Robert Kessel, Jonathan King, Jeff Skoll, Michael Sledd. Diseño de Producción: Hannah Beachler. Distribuye: BF + Paris Films. Duración: 126 minutos:

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