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Estrenada comercialmente en la plataforma Cine.Ar

Daniel (Joaquín Furriel) es un consultor técnico argentino que trabaja para una empresa minera en Asturias. A pesar de que su trabajo no implica necesariamente bajar a los túneles, es enviado junto a cuatro compañeros (dos viejos mineros españoles, otro minero emigrado de Rusia y una experta en explosivos) para explorar las posibilidades de explotación de un área hace tiempo abandonada pero que podría volver a abrirse si las condiciones lo justifican. Van con cierta reticencia y la oposición de uno de los viejos mineros ya que la misión no parece segura. Razón no les falta, ya que estando en el lugar se produce un derrumbe dejándolos encerrados en una galería, sin contacto con el exterior y a 600 metros de profundidad. A medida que transcurren las horas y después los días, el pequeño grupo se va dando cuenta de que posiblemente nadie va a venir a buscarlos, que quizás ni siquiera saben dónde se encuentran, y que van a tener que arreglárselas solos para salir de allí. 

Con lo planteado hasta aquí, Enterrados se trataría de un relato de supervivencia. Un grupo de personas de características opuestas en una situación de vida o muerte, con el correr del tiempo en contra (la escasez de alimento y hasta de aire) y con las relaciones que se van tensando, tienen que ponerse de acuerdo y colaborar, pese a las diferencias, para sobrevivir. Pero esta premisa, que de por sí ha justificado muchas películas de ese mismo subgénero, no parece suficiente para el español Luis Trapiello, que quiere darle a su opera prima una intención aparte, una ambición de parábola, de viaje interior, de historia de autoconocimiento y superación. 

Trapiello introduce entonces otras líneas narrativas, que van desde lo que está pasando en el exterior, los intentos ni muy eficientes ni muy entusiastas de la empresa por encontrarlos, lo que pasa con la familia de Daniel (su esposa, su hijo y un abuelo recién llegado), flashbacks que van y vuelven entre varios momentos de su pasado, sus recuerdos y sus sueños. Un ida y vuelta entre el exterior y el interior, entre la realidad y la mente de su protagonista. Esto que podría ser una manera de airear la sensación de claustrofobia del escenario principal, se usa como manera de introducir supuestas pistas, de mostrar coincidencias y paralelismos muchas veces forzados, jugar con lo que es y no es real en un relato confuso y pretencioso. 

Daniel pasó recientemente por una separación de la que todavía no se recupera. Durante su encierro se muestran varios momentos de su pasado desde que junto a su esposa y su hijo eran una familia feliz, pasando por los dolorosos momentos de crisis y abandono. Uno podría preguntarse en qué medida todo esto es necesario para lidiar con la situación presente ahí abajo, pero para su realizador parece algo indispensable en lo que tiene para decir respecto al amor, el dolor, la pérdida o la redención, donde la premisa inicial queda apenas como excusa. Así es como se ofrecen pistas, se hacen conexiones, aparecen elementos que luego serán resignificados y otros que por algún motivo el realizador necesita explicar casi de inmediato privándolos del posible misterio que podían ofrecer, como la descolgada y providencial aparición de un ciervo muerto en la mina, que necesita primero ser explicada por medio de un flashback y luego, por si no fuera suficiente, verbalmente por uno de los personajes. 

Enterrados se trata de un film de origen industrial y factura técnica impecable que se permite incluso algún virtuosismo visual, como el plano secuencia que arranca con un dron, acercándose desde el aire a las instalaciones de la empresa, corte oculto mediante continúa pegado al protagonista entrando a la mina y termina en un plano a través del espejo. A pesar de los diálogos inverosímiles y los personajes pobremente trazados (el empresario canallesco, el abuelo justo y digno), la línea argumental que hace a la supervivencia en los túneles mantiene la tensión y cierto interés, pero las pretensiones de trascendencia y los continuas idas y venidas resultan en un relato deshilachado y poco convincente que promete mucho más de lo finalmente ofrece y desemboca en una vuelta de tuerca igualmente tirada de los pelos. Y así, mientras sus personajes se debaten a 600 metros de profundidad, el film no consigue moverse de la superficie. 

ENTERRADOS
Enterrados. España, Argentina. 2018
Dirección: Luis Trapiello. Intérpretes: Joaquín Furriel, Candela Peña, Paula Prendes, José Antonio Lobato, Manuel Pizarro. Guión: Luis Trapiello. Fotografía: Lucio Bonelli. Música: Ernesto Paredano. Montaje: Alejandro Lázaro. Dirección de Sonido: Antonio de Benito. Dirección de Arte: Carmen Castañón. Producción: Rodolfo Pochat, Rafael Álvarez. Producción Ejecutiva: Aida Gaitero, Rodolfo Pochat. Duración: 102 minutos. 

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