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Canela piensa en un cuerpo para vivir, arquitectura orgánica de los cuerpos. Tanto del “hacerse mujer” beauvoiriano como el “diseño de sí” de Groys. El documental convoca esa fuerza del hacerse público, germen del género que el ágora mediático poco reconoce.

El trabajo de cámara usa mucho el reflejo, en la vida cotidiana el reflejo está continuamente presente, poco consciente. En la búsqueda de la imagen propia, aquella que se ajusta al propio placer del ser, el reflejo cumple una función fundamental. La imagen juega con la opacidad y la transparencia, oculta partes, vemos un ser en construcción que encuentra vedados aspectos íntimos. Al comienzo quizás es una cámara tímida, que prefiere adentrarse en el retrato manteniendo la distancia. El respeto y una mezcla de admiración y ternura enuncian la cámara pensante de Cecilia del Valle (aquí la entrevista).

Canela devela sus dilemas más íntimos mezclados con una risita nerviosa. “Conceptual, espacial, estilística, constructiva”; formas de hacer-siendo cuerpo. El nivel proyectual podría ser un tránsito, quizás un momento de apertura en la vida. Más bien ver a Canela refuerza el carácter proyectual de la vida misma.

Al mismo tiempo, la veta ficcional pulsa continuamente, Canela en su pick up Chevrolet Apache naranja recorre las calles de Rosario dispuesta a la road movie. Canela es como Foxy Brown: “Sweet Brown Sugar With a Touch of Spice”. Ser heroína implica un camino lleno de aventuras y riesgos, por momentos encontrarse indefensa frente al acecho de la locura, el perfil esfinge de Canela nos trae a Amanda Gris. El diseño de sí es el relato de una mujer, una historia que se escribe con pasión.

La fuerza del antiguo guerrero Áyax existe en Canela, lo que dolorosamente se consolida como un pasado de trabajador, alma y cuerpo entregados a la labor sin distinción, encuentra en su presente y futuro un camino prometedor.

CANELA
Canela.
Argentina, 2020.
Dirección y guion: Cecilia del Valle. Edición: Veronica Rossi. Colaboración autoral: Romina Tamburello. Fotografía y Cámara: Lucas Pérez. Sonido: Santiago Zecca. Música: Juani Favre. Duración: 77 minutos.

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