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En un fragmento de archivo radial Zeta Bosio presenta a Daniel Melero como “un pilar y un prócer”. La inmediata reacción sonora de Melero es burlarse haciendo un ruido con la boca, ese que los más castizos llaman pedorreta. Una forma de relativizar, de reírse y escaparle rápidamente a la canonización y al bronce. Una actitud en la que ha sido constante y que a lo largo del documental veremos varias veces. Y a pesar de esa relativización, esa negativa a ocupar un lugar canónico, Daniel Melero efectivamente es uno de los personajes fundamentales del rock argentino de los últimos cuarenta años.

Basta un breve repaso. Desde principios de los 80 con Los Encargados como pionero de la Música Electrónica (que por entonces se conocía como Tecno), su asociación con Soda Stereo y en especial su colaboración estrecha con Gustavo Cerati, su participación (que él, una vez más, relativiza) en un disco clave como Oktubre de Los Redonditos de Ricota, su rol como productor, músico invitado o padrino de artistas emergentes en un momento de quiebre de la escena como en el caso de bandas que protagonizaron el rock alternativo de los 90 (Babasónicos, Los Brujos, Juana la Loca), y finalmente una carrera solista de permanente búsqueda. El título del film (y el subtítulo Primera Etapa que se lee cuando este termina) intenta dar cuenta de esa actitud de re-creación y transformación, la idea de una obra abierta. En otro pasaje Melero se opone a la idea de Carrera y sostiene que lo que él tiene es una Trayectoria, como la idea de un camino recorrido (y por recorrer) que puede ser sinuoso, que puede tener desvíos, vías sin salida, pero siempre se trata de un camino propio, lo cual también implica a veces la necesidad de extraviarse.

El documental de Roly Rauwolf intenta seguir también en lo formal el espíritu o el sistema Melero, superpone diferentes fragmentos, juega con las texturas, a veces elabora collages audiovisuales. Pero fundamentalmente se trata de un recorrido por la vida y obra de Daniel Melero (su trayectoria) contada por él mismo como único entrevistado, lo cual es más que suficiente ya que se trata de uno de los artistas más lúcidos del rock argentino y de los que más se interrogan a sí mismos y hacen interrogar a los demás acerca de lo que hacen y el sentido de su arte. Hay archivo mediático e imágenes inéditas proporcionadas por el propio protagonista, lo vemos trabajando en el estudio con otros músicos y técnicos de grabación, produciendo para otros o trabajando en su propia música. Un pantallazo íntimo a su proceso creativo, donde lo más interesante finalmente es escucharlo, sus reflexiones sobre la música, el rock, el arte, la creación, la belleza, la necesidad de incomodar, el éxito, el respeto de los otros, el trabajo propio y con los demás y su interés centrado en el Concepto como base de su arte. En un ambiente donde a los artistas muchas veces les cuesta articular una idea, una figura como Melero se hace más valiosa.

La trayectoria de Melero comprende más de cuarenta años, con una primigenia resistencia del establishment rockero, y hasta momentos tensos como el rechazo violento del público más conservador en los festivales de B.A Rock de 1982 y La Falda de 1983 de los cuales Melero se ríe en una genial participación en el programa Todo X 2 pesos. Con un reconocimiento posterior y un estatus actual de culto, todos estadíos que el propio Melero no parece tomarse muy en serio y hasta se permite cuestionar con ironía la noción de respeto.

Aun cuando en sus inicios el rock oficial lo miraba de reojo, Daniel Melero nunca dejó de considerarse un rockero y habla con interés y conocimiento del rock al que considera una cultura. Si su música se resiste a encasillarse, su actitud de ruptura tiene que ver con lo que a veces se llama, sin que se sepa muy bien qué es, la actitud rock. Una actitud artística activa, inconformista, de exploración. Cuando a veces se define la actitud rock de una manera superficial como algo del orden del reviente, Melero va por otro tipo de provocación, la de un artista que se niega a establecerse en formas cristalizadas y que prefiere salir de su zona de confort. En su aparente sobriedad, y sobre todo en su inconformismo y lucidez, Melero es claramente un rockero.

RETRATO INCOMPLETO DE LA CANCIÓN INFINITA
Retrato incompleto de la canción infinita. Argentina. 2019
Dirección: Roly Rauwolf. Con: Daniel Melero. Guión: Leonardo Novak, Roly Rauwolf. Fotografía: Norby Ludin. Montaje: Roly Rauwolf. Música: Daniel Melero. Dirección de arte: Lorena Gomez. Sonido: Luciano Fusetti. Producción ejecutiva: María José Torres. Duración: 69 minutos.

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