Estreno en Netflix

Hace 10 años se estrenó Miss Tacuarembó, en donde detrás de la novela de Dani Umpi que dio pie la película -pop, trash, desaforada-, el director Martín Sastre revelaba sin pudor la admiración, el encantamiento y la veneración que sentía por Natalia Oreiro, que se adivinaba, era de larga data. Nasha Natasha, que se estrena este viernes en Netfix, bien podría tomarse como la continuación de aquella ficción pero ahora en clave documental, registrando una serie de recitales que Oreiro ofreció en Rusia y otro puñado de países del este europeo en 2014, donde la actriz y cantante es furor, furor en serio, desde hace dos décadas.

Está sucediendo, el sueño de la infancia de Natalia Marisa Oreiro Iglesias está en progreso y si por un lado están los testimonios de sus padres y su hermana que confirman la ambición de esa niña montevideana que quería ser famosa, ahí están las y los seguidores para corroborar esa precoz certeza, a miles de kilómetros del Río de La Plata, en el frío siberiano, bajo la nieve, en estadios gigantescos, en clubes de fans, en las fotos pegadas en la pared de los cuartos de miles niñas, adolescentes y adultas que crecieron con su imagen, en el encuentro mágico con su ídola que llega a sus tierras y les firma un autógrafo, les dedica un momento, acepta con respeto sus presentes, las abraza, las besa, las hace reír.

Estructurada en cinco capítulos: Origen, Transmutación, Fenómeno, Sueño Lúcido y Regreso al Orígen, Nasha Natacha también está punteada por los miles de kilómetros recorridos en la gira y por los textos de Eduardo Galeano leídos en ruso, lo que le da la puesta cierta severidad que acompaña los paisajes desolados y que contrastan con la expresividad y la potencia de Oreiro, en una combinación improbable pero evidentemente posible entre la cultura latina y la eslava.

Así que en pantalla se ven y se oyen a chicas hablando de lo que significó para sus vidas, ensayando explicaciones sociológicas sobre la reserva y a la vez el afecto de su carácter que encaja con las novelas de Oreiro, que les demostraba que se podía ser mujer, contestar, revelarse, en definitiva, ser ellas mismas. Y la alegría, por supuesto, así que coreografíar bajo la nieve intensa “No me arrepiento de este amor” de Gilda -conocida en Rusia por la película sobre la vida de la cantante que protagonizó Natalia- es perfectamente normal en varias, muchas ciudades de ese país gigante.

Y todo el relato también tiene el registro del sacrificio por el sueño de origen, el recorrido que la llevó hasta ahí -la famosa publicidad de los tampones, el desarraigo en Buenos Aires, la novela Muñeca Brava, la chica pin-up, entre otras reinvenciones-, las semanas lejos de su pequeño hijo y su esposo Ricardo Mollo, el cansancio, la soledad en los hoteles acompañada apenas por osos de peluche gigantescos regalados por sus fans y el final, el regreso a la casa de la infancia solo para constatar, emocionada, que el sueño se cumplió. Y con el cierre, la declaración de amor incondicional de Martín Sastre por la artista.

NASHA NATASHA
Nasha Natasha. Uruguay, 2016.
Guion y dirección: Martín Sastre. Productor: Axel Kuschevatzky. Producción general: OS Filmes. Productores asociados: Cindy Teperman y Phin Glynn. Management: Viviana Stallone. Una producción de OS Films e Infinity Hill.

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