Se estrena el 30 de julio en Puentes de Cine, la plataforma de la Asociación de Directores de Cine, PCI .

Los trabajos y los días es un poema de Hesíodo, allí el poeta expone el pasaje del caos al orden del mundo, y este pasaje solo es posible a través del trabajo que implica acuerdos, conductas y calendarios. Y de esto trata la película de Juan Villegas; del trabajo como modo de organización “material” aun cuando la esencia sea un hecho artístico. Es interesante la puesta en escena de Villegas, partiendo de ese caos inicial desde donde comienzan a gestionarse los materiales con los que la música va a desarrollarse. Ese Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), ubicado en el sótano del teatro, es como una especie de infierno inicial, donde hombres y mujeres trabajan administrando el espacio, la luz, los almohadones donde se sentará el público. En ese sótano nace uno de los experimentos más interesantes que rodean al fenómeno de la música contemporánea, el CETC y su director, figura mítica que también remite al poema de Hesíodo como una especie de Zeus contemporáneo y cercano, quien apela al trabajo sobre y a través de la música. En ese sótano, que se va armando como sala y a la vez como lugar de gestión, conviven todos los trabajadores del arte: administrativos, escenógrafos, atrecistas, personal de limpieza, gestores culturales. Y también conviven computadoras, teléfonos, almohadones, tachos de basura, escritorios, equipos de música, escobillones. Los trabajadores y sus materiales, los acuerdos y desacuerdos, el tiempo que impone su finitud, la buena disposición de los integrantes de este grupo humano que trabaja la materia artística con detalles y precisiones. El sótano es ese “abajo” donde se levantan los restos de ese “arriba” que es el escenario central del Teatro Colon. Una tensión íntima se produce entre esos espacios, aquello que de algún modo se deshecha en el arriba donde finalmente la música se vindica, se aprovecha en el de abajo.

Villegas trabaja con sutileza esa tensión; el modo en el que trabaja con la luz casi de una manera pictórica, la manera en que filma los diálogos diarios entre los habitantes del sótano y sobre todo el ritmo interno de la película que respira mientras narra las tareas de los hombres y las mujeres que, finalmente, hacen posible el pasaje al “orden” final; la puesta de la obra de Gandini, en ese sótano donde nace otro espacio posible en el que la música contemporánea reivindica su importancia. Concebida, tal vez, como un doble homenaje tanto a Gerardo Gandini el trabajoso hacedor del CETC, como a Rafael Filipelli director de Esas cuatro notas de quien Villegas apropia algunas escenas de ese gran documental; Los trabajos y los días despliega la mirada de un espectador curioso y entrometido y a la vez distanciado, que revisa y da cuenta de las gestiones administrativas y elecciones estéticas que hacen sus protagonistas.

Quizá algunas de las preguntas que sobrevuelan la película sean ¿De qué manera, cómo se gestionan los hechos artísticos? ¿Cómo se pasa de la idea, del concepto a la puesta en marcha de esa mercancía tan particular? Preguntas que, sin condicionamientos, se podrían aplicar a las tareas que implican hacer cine independiente. Villegas responde claramente, solo a través del trabajo como accionar humano, como organizador de tiempos y materiales, de espacios y de intereses; ese trabajo es el que permite alcanzar esa escena final donde el creador muestra su obra al público.

Como en todas las películas de Juan Villegas, los materiales se organizan alrededor de la sensibilidad. La música que no sólo es el concierto escénico del italiano Luigi de Angelis sino que resuenan acordes de La cumparsita o de Los mareados y se mezclan con los acordes también rítmicos de los diálogos, de las palabras y los gestos de los trabajadores. La luz se acomoda y acompaña las emociones que las imágenes destilan; mostrándonos a nosotros los espectadores y al público de la obra (como en un espejo) el recorrido de una experiencia sensible y amorosa. Como el de Hesíodo la película de Villegas está concebida como un poema que empieza en ese afuera tan cotidiano de la puerta y la calle del Teatro Colón, tan atildado y marcado por la clase y culmina en ese adentro también luminoso que es el sótano, espacio que contiene al CETC, tan heterogéneo de nacionalidades y clases sociales, donde finalmente el maestro muestra su excepcional trabajo.

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS
Los trabajos y los días (Argentina/2019). Dirección y guion: Juan Villegas. Fotografía: Inés Duacastella. Edición: Guillermina Chiariglione. Sonido: Valeria Fernández. Duración: 61 minutos. Disponible en la plataforma de streaming Puentes de Cine 

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