Se estrena en Cine.Ar TV el viernes 28 de agosto a las 18 y repite el sábado 30 a las 6.00 y a las 12.00. También a partir del 28 de agosto en la plataforma Cine.Ar

Con este segundo largometraje de Carina Sama va tomando cuerpo esta trilogía documental de temática trans que se completa con Madame Baterflai (2013), ganadora de varios premios y menciones en diversos festivales, y La paloma, actualmente en producción.

Uno de los primeros pensamientos que surgen al ver la historia de Malva, protagonista de esta historia, es que se ha convertido en un lugar común que las mejores historias argentinas son narradas en un formato documental. No se trata de ponernos melancólicos pero que grandioso fue participar de ese cine argentino de ficción incipiente de fines de siglo pasado que aprendía del formato documental y hacía uso de sus recursos estéticos (gran parte del llamado Nuevo Cine Argentino da cuenta de ese proceso) y por otro lado, que bello también la manera en que el documental acompañó esa inversión de roles produciendo documentales que no temían hacer uso de estrategias ficcionales ni de incluir la subjetividad del realizador. El referente más claro en este sentido, de seguro es la producción de Andrés Di Tella.

Ahora bien, frente a estos movimientos narrativos, que ya tienen más de 20 años y que continúan, es válido preguntarse por dónde pasa hoy los aciertos documentales o, más que aciertos, los nuevos logros. Con nombre de flor realiza un racconto de la vida de Malva en un montaje de declaraciones de la protagonista, encuadres en escorzo, declaraciones en off de la propia realizadora, archivo de fotos personales e íntimas conjugados con archivos proveniente de los medios de comunicación de la época, condensados en unos pocos 62 minutos pero que contienen casi un siglo. En síntesis, lo que implicó vivir en sociedad durante el siglo XX siendo puto, homosexual, transexual o travesti (las especificaciones son irrelevantes en una época en donde la supervivencia prima más que la tipificación dentro de una minoría) ¿Qué es lo muestra realmente esto? Que el documental está narrando esas historias con las que no solo estamos en deuda, sino que son las que nos atraviesan actualmente como sociedad. Como señala el filósofo francés Jacques Rancière, en toda sociedad hay un reparto de lo sensible y que siempre hay algo que queda afuera de ese reparto. Algunas veces fueron los esclavos, pueden ser los inmigrantes ilegales, los refugiados y, desde ya, las minorías. Por supuesto, una historia, como la de Malva, merece ser narrada y escuchada en cualquier momento, pero de seguro tendrá mayor impacto si ese “excluido” del reparto tomó la palabra en algún momento y generó una escena de disenso. Porque cuando eso sucede se hace visible socialmente y es viable un cambio de percepción y de aceptación de la diversidad.

Lo dicho anteriormente explica por qué el documental puede lograrse o puede ser escuchado con mucha mayor fuerza que si se hubiera filmado en el siglo XX, aún en democracia. Pero no explica por qué Con nombre de flor es en sí interesante. La historia de Malva permite dar cuenta de ese contexto previo al de una minoría que aún no tomó la palabra y en donde, desde cierta lógica no hay mucha distinción entre los gobiernos de Perón, Rojas, Aramburu, Onganía, Videla o, lamentablemente, Alfonsín. Considerar que un grupo de argentinos, que no estaba cometiendo un delito, pero aún así era plausible de ser llevado a la cárcel de Devoto con el argumento que fuera necesario (embriaguez, orinar en la vía pública, ostentación de diferencia sexual, etc.) no es simplemente “triste”, es entender que no existía distinción en la percepción entre procesos de dictadura militares y procesos democráticos para cierta franja social.

Hacia el final, la directora se pregunta “¿Cómo filmar lo que no se quiere ver ni escuchar?”. Una posible respuesta es que no se puede porque filmar es ver y escuchar, y mientras estemos ciegos y sordos, mientras no se haya generado una escena de disenso, mientras alguien no haya decidido tomar la palabra y generar un quiebre, será muy difícil hacer una representación con todo ello. Pero el formato documental parece estar a la cabeza respecto de lo “filmable”, un paso adelante respecto de lo que puede ser filmado. Pareciera que escuchan y ven mejor. Alguien podría decir que ficcionalizar la historia de Malva hubiera implicado una producción monetaria desmedida que hubiera demandado la reconstrucción de época de varias décadas. Seguramente, pero así y todo sigue siendo cierto que las preguntas que decide hacer Con nombre de flor escasean en la ficción.

Con respecto a los detalles que narra la protagonista en relación a la creación de MUA (Maricas Unidas Argentinas), los tormentos persecutorios de las autoridades, la operatividad del Tigre como espacio de refugio, el rol del Carnaval, las cuestiones relativas a la identidad de género, son aspectos que es mejor conocerlos de primera fuente. Siéntese y ponga PLAY.

CON NOMBRE DE FLOR
Con nombre de flor. Argentina, 2019.
Dirección y guión: Carina Sama. Producción: Sofía Toro Pollicino, Carina Sama. Edición: Camila Menéndez. Sonido: Diego Beremblum. Música original: Félix Sama. Animación: Hernán Bressan.

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