Disponible en Netflix desde el miércoles 9 de septiembre.

Fernando Ferro (Adrián Suar) es un renombrado traumatólogo que tiene una familia ideal con Paula (Gabriela Toscano), maestra de jardinera con la que llevan 19 años de casados y tienen dos hijas adolescentes. Fernando vive por y para ellas, tienen un buen pasar y el desgaste de los años casi ni se nota en la vida de la pareja. Nuestro héroe se desvive por Paula pero también se juega entero por Vera (Soledad Villamil), una nefróloga con la que tiene un hijo de cinco años en Mar del Plata porque es un traumatólogo importante y atiende en dos ciudades. Sí, esta actividad frenética le permite mantener a las dos familias.

El protagonista tiene todo cronometrado y una rutina ajustada, que mantiene bajo control ya que cualquier desequilibrio puede hacer que ese mundo perfecto que se ha creado estalle en mil pedazos. Las dos mujeres no sospechan nada, Paula atiende a todos los detalles de su hogar y la vida familiar, mientras que Vera es profesional, sofisticada y tampoco sospecha nada sobre la doble vida de Fernando.

Adrián Suar le pone a su personaje la dosis necesaria de adrenalina que necesita, Toscano y Villamil se esfuerzan por darles carnadura a las dos mujeres, Alan Sabagh como un amigo y compañero de trabajo de Fernando -que conoce todo el asunto y un poco lo admira- está muy bien como de costumbre y Darío Barassi es el hermano de Vera. El elenco hace todo lo posible para sacar adelante Corazón loco pero el problema de la película está detrás de cámaras.

No se puede decir que Marcos Carnevale y Adrián Suar no entiendan de comedias o que no sepan lo que al público le gusta -el guión está firmado por ambos- aunque Suar aclare que el que se sienta y escribe es Carnevale.

El problema de Corazón loco es que huele a naftalina, que es una comedia que atrasa y que parece televisión, pero no la televisión de ahora, la película parece la televisión de “Matrimonios y algo más” de los ochenta.

Por supuesto que el delicado organigrama de vida que Fernando sostiene desde hace años a los pocos minutos de película se hace añicos y el protagonista, que es un malabarista que hace acordar a los artistas chinos del circo de Pekín, que hacían girar varios platitos al mismo tiempo, ve cómo uno a uno esos platitos salen volando y el andamiaje inevitablemente se derrumba y la situación pasa a ser comandada por las dos mujeres que deciden tomar venganza de la humillación. Entonces lo que era una comedia se vuelca hacia el lado del drama y el guión se hace un verdadero barullo cuando el personaje central explica que está enamorado de ambas y que necesita ese equilibrio para vivir.

Lo que apuntaba a ser un éxito de taquilla y uno de los estrenos del año para el cine comercial, se estrena en Netflix para que todo el público que quiera arriesgarse a este ejercicio fallido de comedia, que ni siquiera corre el riesgo de ser “cancelada”, porque su machismo es tan pueril que no dan ganas de discutir después de verla.

CORAZÓN LOCO
Corazón loco. Argentina, 2020.
Dirección: Marcos Carnevale. Intérpretes: Adrían Suar, Soledad Villamil, Gabriela Toscano, Betiana Blum, Alan Sabbagh, Darío Barassi y Magela Zanotta. Guion: Adrián Suar y Marcos Carnevale. Fotografía: Félix Monti. Música: Iván Wyszogrod. Duración: 108 minutos.

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