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Lejos de casa, tercer largometraje de la directora María Laura Dariomerlo, retrata de manera intimista un fragmento de la vida de Florencia (Cumulén Sanz), una joven con tendencias adictivas que solo busca su lugar en el mundo.

Florencia estudia fotografía en un terciario, vive con su padre y la nueva pareja de éste. En apariencia lleva una vida con algunos excesos -alcohol y drogas- cuya causa resulta difícil de determinar, aunque el relato por momentos da algunas claves o hipótesis: ausencia de una figura maternal fuerte, sentimiento de desplazamiento por la búsqueda de un nuevo hijo por parte del padre. Desde este lugar, sin pretender construir una historia que venga a “explicar” el ABC de todo exceso, Lejos de casa tiende a ser más descriptiva que narrativa. Es una apuesta idónea en tanto que intentar dar cuenta de los motivos precisos por los cuales un individuo elige el exceso como recorrido de vida, generaría otra película en donde el foco tal vez sería la propia sustancia y no tanto la riqueza y complejidades de los personajes.

Frente a un cuadro de impotencia, el padre decide enviar a Florencia a Pinamar, lugar en donde Diana -madre de Florencia- vive y se desempeña como médica. Pero la joven no está “lejos de casa” porque se encuentra ahora en un pueblo de la costa, Florencia no puede determinar dónde y qué es ese espacio simbólico del hogar, que indirectamente también remite a la infancia. Le expresa a su madre “no soy una pendeja” pero sus acciones no superan la madurez de una chica de 15 años: al consumo desmedido, se suma pegar chicles debajo de la mesa de la madre, llamar a los padres por su nombre cuando está enojada, lo cual implica trasladar su problema al desempeño de los roles paternos y maternos, etc.

En la costa conoce a Sebastián -con quien entabla un romance- y Lunguito -quien le provee de algunas drogas-. Estos personajes funcionan, de alguna manera, como el ayudante y antagonista respectivo de la historia y, aunque se deja entrever que hay un vínculo entre ellos, la película se niega a revelar el estatuto de esa unión.

Entre paseos en bicicletas y caminatas por el pueblo, la playa, el bosque, etc. Florencia va registrando con su cámara analógica algunos de los personajes que se cruzan por su camino. En un mundo digitalizado, la incipiente fotógrafa elige el soporte de celuloide, el viejo rollo que atrapa las huellas de luz, índices que le permiten registrar la realidad. Resulta casi una paradoja que compulsivamente se intente conectar con el mundo, a través de las imágenes de su cámara, al tiempo que se pierde en sus excesos y en la desconexión de sus deseos. Hacia el final se verá cuál de estos polos tiene más peso que el otro.

Para entender el verdadero sentido de la historia es necesario llegar a dos de las escenas finales que no revelaremos pero podemos adelantar algunos aspectos. La anteúltima escena, sin duda, explica el título de la película, mientras que la última, gracias a una pequeña cita u homenaje a Love Story (libro y película), expresa que el camino no siempre es del amor y la vida a la muerte, sino que puede ser también a la inversa.

LEJOS DE CASA
Lejos de casa. Argentina, 2020.
Dirección: María Laura Dariomerlo. Intérpretes: Cumulén Sanz, Gabriel Gallicchio, Ana Celentano, Abel Ayala, Daniel Kuzniecka. Guión: Javier Martínez Foffani. Montaje: Javier Favot. Música original: Hernán Matorra. Dirección de fotografía: Adrián Lorenzo. Productora: 3 Mentes.

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