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Voy a estar muriendo, y tú también, y todos los que estamos aquí”, Caden Cotard anunciaba el dulce destino de Phillip Seymour Hoffman, paradoja vital de la sinécdoque. Fiel al tema, y a su ya consagrado estilo, Charlie Kaufman (Synecdoche, New York – Todas las vidas, mi vida, Anomalisa, y guionista de ¿Quieres ser John Malkovich?, Human Nature, El ladrón de orquídeas, Confesiones de una mente peligrosa y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), nos entrega nuevamente un relato plagado de figuras y juegos narrativos. Ensayo proteiforme, en el cual dialogan entre sí fragmentos introspectivos, poemas, aforismos, relatos breves que tejen una red no muy alejada de la fábula (después de todo somos animales memoriosos), micro-diálogos de reflexión crítica.

Pienso en el final permite adentrarnos en campos fértiles del pensamiento indagatorio, de la escritura imaginativa y reflexiva. Abandonando los perímetros del género para entregarse al abismo que habita entre los fragmentos, red de significaciones que componen una constelación; una composición romanticista de impresiones y temporalidades caprichosas. La relatividad en la que Cotard se ve encerrado, como el minotauro en el laberinto, aprisiona aún más a los fantasmagóricos personajes de Pienso en el final.

Judy y Jake son pareja, la más genérica del mundo, sus historias de vida y el relato de su primer encuentro se escribe y re-escribe continuamente (bienvenidos al abismo). Puesta a punto del mecanismo de extrañamiento que acompañará con fuerte presencia toda la puesta. Una tormenta de nieve (torbellino sonoro del desarraigo moderno) acompaña a la pareja en el viaje que los conduce a la casa natal de Jake. El encuentro con sus padres para celebrar una cena, a modo de presentación, es la pátina superficial del guion.

La espacialidad marca registros, Kaufman nos permite aventurarnos y jugar continuamente con líneas interpretativas. La casa natal es el interior, constituye el territorio de la experiencia intimista, allí la sensibilidad se conecta afectivamente con la temporalidad quebrada. Adentro (como en la memoria) moran los padres y los miedos. La escalera protagonista tiende un puente entre el primer piso (de donde vienen los padres) y el sótano (espacio de misterio y terror). Así como ciertas interpretaciones Freudianas de Psicosis, en la arquitectura del interior de la casa palpitan significados velados. En el interior del auto, el viaje en movimiento como el pensamiento (gimnasia de las facultades intelectuales) mezclan caprichosamente la cita, el ensayo y el poema en diálogos y soliloquios que dan mayor estabilidad y entidad a los personajes. El exterior (y el interior de la escuela) son el vacío (el arrojo y la desprotección), la morada del genio maligno que nos habla desde el auricular en las carreteras perdidas de la memoria, donde la intuición suprasensible se disfraza de dibujos animados para suavizar, o jugar, a contrapelo de la solemnidad. Kaufman conoce la maquinaria cinematográfica, los campos que construye son campos en movimiento, nevados de recuerdos y pensamientos sobre lo culmine y con ello también la ausencia de culminación que arrastran.

PIENSO EN EL FINAL
I’m Thinking of Ending Things. Estados Unidos, 2020.
Guion y dirección: Charlie Kaufman. Intérpretes: Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd, Abby Quinn y Hadley Robinson. Fotografía: Lukasz Zal. Edición: Robert Frazen. Música: Jay Wadley. Duración: 134 minutos.

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