El país vasco fue uno de los últimos territorios europeos en donde la Inquisición logró imponer su doctrina de dominación a través del terror. El director Pablo Agüero (Eva no duerme, Madres de los dioses, 77 Doronship, Salamandra) eligió esta circunstancia histórica para abordar el tema de la caza de brujas a partir del libro de las memorias de Pierre de Lancre, sobre su experiencia recorriendo la región como juez de la corona.

Akelarre entonces cuenta cómo un grupo de mujeres de una aldea vasca son detenidas y sometidas a tortura, por las denuncias sobre ellas de realizar cultos satánicos en una ceremonia -el akelarre- en lo profundo del bosque.

Amaia Aberasturi es una de las encarceladas y pronto se revela como una astuta líder y el siempre sólido Alex Brendemhül es el alucinado juez que busca obsesivamente al Diablo en esos parajes perdidos, acompañado por Daniel Fanego, que compone a un extraordinario secretario hastiado de su trabajo y ansioso por volver a la ”civilización”.

Las decisiones de Agüero en cuanto a la historia y los caminos estéticos tiene algunas particularidades. Si en general la inquisición fue retratada en distintas películas desde variadas y atroces escenas de tortura y el martirio de las mujeres, a la hora de la crueldad estos relatos se definían o bien por la elección de confesar para acabar con el suplicio, o el silencio heroico. En ambos casos, claro, el final era la muerte. El guión del propio Agüero, junto a Katell Guillou, se desmarca de las historias habituales y elige para las mujeres el el camino de la inteligencia, de la imaginación y el engaño.

El empoderamiento de las mujeres es el tema de Akelarre, en donde estas mujeres sin educación, aterrorizadas, solas -los hombres de la aldea están ausentes por largos períodos en alta mar pesacando en los balleneros-, intuyen que no está en juego la religión y la presencia de Satán, sino que se trata de una herramienta más para la dominación desde el poder -el desprecio por la lengua euskera es un buen ejemplo de ello- a través del miedo, la delación y la ejecución para los que intentan vivir libremente.

Más allá de unos pocos maniqueísmos, Akelarre tiene el punto de vista de las perseguidas y plantea una puesta luminosa aún cuando no elude la violencia, se define sin embages por la libertad y se piensa como un puente desde el sufrimiento y las luchas de la historia con el actual empoderamiento de las mujeres de todo el mundo.

Akelarre, de Pablo Aguero (España/Francia/Argentina, 2020)

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