En Hoy partido a las 3, Clarisa Navas ubicaba la acción entre baldíos y potreros con las chicas derribando prejuicios desde el fútbol, para dar cuenta de la solidaridad, el compañerismo y el amor con algunas pinceladas que eran suficientes para explicar el contexto difícil. En su segunda película la realizadora correntina vuelve a su ciudad, esta vez para internarse en los pasillos del barrio Las Mil Viviendas, entra en universo áspero del barrio, recorre el deseo (sexual, de otros horizontes) y llega al amor que allí también, tiene que luchar para desarrollarse y ser aceptado.

En el comienzo el relato está centrado en Iris (la debutante Sofía Cabrera), que juega al básquet, esquiva los agresivos embates de los hombres de su entorno y se refugia en su casa, con su mamá y sus hermanos, con quienes discute cuestiones como la elección sexual y en donde una única computadora es disputada por los chicos para buscar en internet términos como lesbiana, clamidia o directamente ver videos porno. Pero Iris se muestra incómoda tanto en su hogar como en el barrio hasta que conoce a Renata (Ana Carolina Guerra), una chica más grande, con más experiencias vividas y segura de su sexualidad.

Realismo social explícito con un cuidado y respeto mayúsculo por sus personajes, Navas describe y cuenta la dura realidad pero se asoma e involucra a las protagonistas en un futuro posible, mejor. Pero primero la asfixia de los minúsculos departamentos atiborrados de gente y objetos, primero la asfixia del barrio amenazante, y también primero la asfixia de las conversaciones entre amigos, conocidos y casi siempre con elementos de tensión.

Delimitados los espacios y las condiciones adversas -hay un gran trabajo con el sonido, una pared sonora de voces contrariadas y ruidos desagradables que acompaña a los personajes-, Las mil y una se concentra en la vitalidad adolescente y despliega ternura aun cuando recurre a las herramientas del documental para registrar los encuentros de Iris y Renata.

Navas no es una turista jugando al antropologismo, por el contrario, reflexiona sobre su propio relato en tanto se va desarrollando para cuestionar las posibles representaciones de la pobreza y desde allí concentrase en una vida, la de una chica a las puertas de su iniciación sexual que conoce a otra, fuerte y misteriosa, convertida en una referente para moverse en ese mundo hostil pero aun así fascinante.

“Las mil y una” de Clarisa Navas (Argentina/Alemania, 2020)

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