Estreno en Cine Ar TV (jueves 15 y el sábado 17 de octubre a las 20) y disponible de manera gratuita desde el 16 hasta el 22 de octubre en Cine.Ar Play

Tomando estado tiene como eje dos personajes principales que trabajan en una cooperativa eléctrica en un remoto pueblo de Buenos Aires. Carlos, un viejo militante devenido operario, y Nicola, su joven aprendiz. Desplazándose con la crisis de 2001 como telón de fondo, ambos asumen su situación actual con desencanto, aunque algunos sucesos lo llevan a uno de ellos a revaluar el camino transitado, mientras al otro, a lo que está por venir.

La alteridad se plantea de entrada, como una suerte de clave para leer la historia. Carlos entra a una oficina mientras se escucha de fondo una recordada frase del ex presidente Fernando De la Rúa: “La Argentina es segura y previsible, ahora podemos crecer en paz. El 2001 será un gran año para todos”. Como si no fuera más que una máscara o una cortina auditiva que opera de adorno, Carlos se lanza directo al delegado sindical y en un arrebato de seguridad e indignación se lleva de trofeo un cuadro de la pared. Se trata de un retrato de Oscar Smith, quien fuera Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza, desaparecido en 1977.

Ahora bien, decimos que hay alteridad en esta escena porque lo que en algún momento funcionó como un núcleo indivisible –trabajador/sindicalista- ahora se encuentra escindido. Carlos entiende que los intereses de uno y otro no son los mismos. Los de la comisión deben negociar con las demandas de la municipalidad y defender los derechos de los trabajadores da lugar, no a la suma de beneficios, sino que lleva a la pérdida de empleo por falta de “colaboración”. La municipalidad no cumple sus deberes, las cooperativas modifican su finalidad, la comisión ya no resulta un lugar para resolver problemas sino un espacio de negociación y pérdida para la franja más débil. En fin, en ese 2001 nada es lo que debería ser.

En este contexto, la llamada de un viejo compañero de militancia, a quien Carlos no ve hace 26 años y el descubrimiento por parte de Nicola de Victoria, una conductora originaria de la Capital, vienen a operar como dos pequeños despertares para ambos personajes. Sin duda, los sucesos no funcionan igual para cada uno. Nicola es joven y de alguna manera, aunque compañero de Carlos, no dimensiona lo que implica la dedicación a la militancia y la sensación de pérdida y fracaso que Carlos experimenta en plena democracia. Nicola no mira al pasado porque no tiene, pero tampoco mira al futuro. Pero conoce a Victoria, y en ella se condensa todo lo que Nicola sabe que existe pero nunca vio de primera mano. Por su lado, Carlos se debate entre el conformismo, la resistencia y la nostalgia. En un contexto de crisis semejante el reencuentro entre Carlos y sus colegas de lucha termina siendo el aderezo para una clara sensación de que la democracia ha fallado a los argentinos.

Tal vez esta película llega en un momento muy particular, tal vez de demasiada efervescencia. Es difícil saber qué puede suceder cuando una historia quiere invitar a un balance y a la reflexión, pero se enfrenta a un público que está desquiciado, paranoico, dolido, escindido, y de alguna manera se encuentra ya haciendo balances de más; la película se filmó en 2017 pero debe enfrentar esta audiencia y no aquella. Un efecto podría ser que cada cual va a interpretar la propuesta a su conveniencia. Unos verán ahí la confirmación de que era cierto que había que irse del país, otros que las crisis son momentos que traen estabilidades posteriores. Como sea, más allá de las lecturas, apostamos a que la película sea aceptada en todos sus matices y que no se desdibuje el hecho de que Tomando estado es no solo un balance o un llamado a la reflexión sino también un homenaje a los 39 asesinados el 19 y el 20 de diciembre de 2001.

TOMANDO ESTADO
Tomando estado, 2019.
Dirección y guión: Federico Sosa. Intérpretes: Germán de Silva, Sergio Podeley, Verónica Geréz, Federico Liss, Chan Sum King. Montaje: Laura Palottini, Alberto Ponce. Diseño de sonido: Pablo Orzeszko. Dirección de fotografía y cámara: Alejandro Reynoso. Producción: Estela Roberta Sanchez. Productoras: 16:9 Cine Productions, Barbarie Cine.

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