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La historia cuenta que en 1968 distintos grupos de activistas que representaban a buena parte de la juventud norteamericana, tomaron la convención del Partido Demócrata como un lugar para presionar sobre el partido y al presidente Lyndon B. Johnson que acababa de aumentar el número de tropas que serían enviadas a Vietnam. Esa marcha terminó en una represión feroz y el encarcelamiento de los principales representantes de los grupos que se movilizaron. Allí estaban algunos personajes muy reconocidos de aquellos días como Abbie Hoffman y Jerry Rubin -fundador del Youth International Party, los Yippies, en contraposición de la anomia hippi-, los líderes de los Panteras Negras y otras organizaciones, por provocar incidentes de esas jornadas en Chicago. Todo lo que pasó fue un armado listo para acabar con aquella revuelta que amenazaba con consumir a la sociedad norteamericana. Entre los hechos y la concreción del juicio, Johnson había dejado de ser presidente y Richard Nixon, el representante de la mayoría silenciosa que estaba decidido a castigar a los representantes de esa revuelta, le indicó al jefe de los fiscales que lleve adelante el juicio amañado, de manera tal que no quedaran dudas de que hubo un intento de voltear al sistema mismo.

Los hechos que llevaron al famoso Juicio de los 7 en Chicago llevaban un tiempo dando vueltas como proyecto en la industria del cine y al comienzo de todo, iba a ser Steven Spielberg el responsable de convertir la historia en película. Después, los proyectos pendientes alejaron al director de Tiburón y todo pasó a Aaron Sorkin, que tiene una larga carrera como guionista y showrunner pero solo una película como director, Apuesta maestra.

Sorkin arranca haciendo un buen resumen de todo esto y agregándole algo de contexto, que incluye los asesinatos de Martin Luther King y de Robert Kennedy entre otras cuestiones, para entrar enseguida en el desarrollo del juicio marcando entre otros puntos las diferencias que existían entre los siete enjuiciados que en rigor de verdad eran ocho, pero al integrante de los Black Panther lo tenían sentado entre ellos pero no le permitían usar a su propio abogado. Con un elenco importante donde sobresalen Sacha Baron Cohen y Frank Langella, la película se apoya en los afilados diálogos de Sorkin aunque la potencia de la historia se impone por encima de cualquier virtuosismo que Sorkin pudo haber puesto en juego.

El director y guionista que supo hablar de política y de los valores que constituyen al poderío de los Estados Unidos en la serie “The West Wing” y sobre el papel de los medios en “The Newsroom”, en donde se apoyaba en la cuestión de los valores que supieron hacer grande a ese país -más allá de las cuestiones ideológicas-, aquí toma como como eje un hecho histórico para hablar de los que está pasando en el presente y dejar en distintos diálogos sus ideas sobre el sistema. Y claro, opinar sobre la ingenuidad o la inocencia de Sorkin es un tema aparte. El juicio de los siete de Chicago es una buena película con un elenco sólido y una historia que merecía llegar a la pantalla.

EL JUICIO DE LOS 7 DE CHICAGO
The Trial of the Chicago 7. Estados Unidos, 2020.
Guion y dirección: Aaron Sorkin. Intérpretes: Sacha Baron Cohen, Eddie Redmayne, Mark Rylance, Jeremy Strong, Frank Langella, Joseph Gordon-Levitt, Michael Keaton, John Carroll Lynch, Yahya Abdul-Mateen II, Alex Sharp, Noah Robbins, Danny Flaherty, Ben Shenkman, Kelvin Harrison Jr., Caitlin Fitzgerald, John Doman y J.C. Mackenzie. Fotografía: Phedon Papamichael. Edición: Alan Baumgarten. Música: Daniel Pemberton. Duración: 129 minutos.

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