"4TRO V3INTE" de Raúl Perrone.

En este año, tan complejo, tan aislado y tan disruptivo han sucedido diferentes ediciones de varios festivales en todo el mundo. Variando su metodología, de la presencialidad a la virtualidad; muchos órdenes se han trastocado. El cine, con esos espacios cerrados, oscuros, que alientan al puro pensamiento y al goce se convirtieron en salas domésticas, se achicaron las pantallas, se suspendieron las reuniones entre realizadores, sus equipos y los colegas; efectivamente algo de la amorosidad de esos encuentros y de la relación que se establece con la pantalla grande se ha desvanecido. Sin embargo, de algún modo, algo se ha ganado también, tal vez cierta democratización, sobre todo en los festivales, se produjo. Películas que pueden verse en todo el territorio, charlas que pueden revisarse a posteriori, conversaciones a las que podemos asistir virtualmente.

Cada uno de estos festivales no solo hizo una apuesta estética y formal diferente con sus cambios de exposición de las películas, sino que cada uno de ellos también adquirió una postura política. Seguir con el trabajo y la pasión que implica el armado de un festival en este contexto es, al menos, arriesgado. Celebro aquellos que continuaron, que armaron sus grillas, que programaron películas valiosas, que pensaron en debates y charlas y que finalmente realizaron el sueño de continuar con sus propuestas.

En el caso del Doc Bs As, es sabido que la cuesta a subir es más escarpada aun. Con poquísimo presupuesto, sin ayuda de ninguna institución, con un equipo mínimo; la décima edición se desarrollará con el esfuerzo y el empuje de unos pocos. Carmen Guarini y Roger Koza (aquí la entrevista) a la cabeza pensaron y diseñaron un festival acorde a los tiempos que corren. Menos películas pero con la calidad que caracteriza al Doc, propuesta variada desde lo estético y desde lo formal pero aunada en lo ideológico. Películas que apelan a la libertad, a la innovación y también exponen una mirada profundamente política en la elección de sus materiales. Por ejemplo, el merecido homenaje a Marcelo Céspedes puede verse en el tamiz del presente y destila una claridad conceptual tan actual y urgente que sorprende. El foco sobre Philip Warnell también expone de una manera cruda la realidad que nos circunda, que nos acorrala, templada por la soledad y la hostilidad de los grandes centros urbanos. La apertura y el cierre a cargo de dos películas de Raúl Perrone es una fuerte parada política no solo en relación a lo social sino que también se apuesta a los particulares modos de hacer cine en el presente. El foco en parte de la filmografía de Otavio Almeida expone una Cuba que desde la actualidad condensa un pasado que es tan necesario revisar.

Recuperar la “política de los autores” no solo como metodología que impone cierto orden sino también como una de las maneras de pensar a los cineastas del presente proyectados hacia un futuro, donde sus miradas sean las más relevantes es indudablemente uno de los ejes que organizan esta muestra. Así, los directores del Doc Bs As, eligen, con los pocos medios económicos que tienen, seguir pensando el ecosistema cinematográfico con una mirada amplia y a la vez concisa, actual y a la vez de recuperación de un pasado que nos organiza y nos implica. Trabajar con lo real, documentar la realidad implica un profundo compromiso y un diálogo permanente con lo que nos rodea y a la vez una marcada persistencia hacia el futuro.

La apertura estuvo a cargo de Raúl Perrone con 4tro V3int3 su reciente película que es una obra colaborativa –extraño en estas épocas de soledades aisladas- , una especie de artesanía hecha a varias manos y a varias cabezas, donde los pibxs de Perrone manejan la cámara y proponen los contenidos. Filmada en pandemia, el director guía a sus chicos por teléfono en esta relación intrínseca con lo real, la película despliega la cotidianeidad de una comunidad donde las drogas, la calle, el sexo, la poesía, las caminatas son centrales. Las imágenes distorsionadas no son inocentes, muestran la distorsión de esta realidad, de esta actualidad tan extraña, tan delimitada. Esos pibxs recorren un espacio urbano y un tiempo eterno, pueden regular el dolor, amasarse en un diálogo confuso, perderse en sonidos estridentes y en poemas callejeros. Pero también pueden establecer cierta amorosidad no solo entre ellos sino con los perros. La escena del baño de animalito y la caminata final cruzando ese puente que separa y une territorios- físicos y simbólicos- emocionan por la profunda conexión entre estos tres personajes tan fronterizos, tan marginales, tan actuales. Perrone, sin duda uno de los grandes “autores” de la contemporaneidad sostiene sus ideales, sus formas cambiantes, su estética coherente con sus contenidos. Su insistente independencia proviene de una cultura popular que justamente es el corazón de su obra.

“Bitter Bread”, de Abbas Fahdel.

Bitter bread de Abbas Fahdel es una historia de refugiados (no tan lejana de las historias de marginados de Perrone). Los niños son los protagonistas y éste no es un gesto condescendiente sino por el contrario, ellos son una especie de centro que gravita entre lo ético y lo político. En las comunidades de refugiados, como en las de los marginados, los niños abundan. Son la cara visible de una injusticia social que se traduce en una ética desaprehensiva; en este caso esta comunidad de refugiados sirios se instala en tierras libanesas, en las fronteras de esas tierras olvidadas por los manejos espurios de una política deshumanizada, alejada de la realidad. Justamente filmar esta comunidad es acercarnos este fragmento de lo real donde la cuidadosa puesta en escena apunta a mostrar la infinidad de tierras que rodean a este campamento, las carpas amuchadas que se levantan con el viento, la ropa colgada marcando una especie de frontera interna. Tierras fiscales o no, tierras con dueños o no, son tierras inutilizadas que alejan a los hombres que necesitan habitarlas. De eso se trata este “pan amargo” de mostrar la distancia de la esfera política de los hombres y a la vez de acercarnos esta compleja situación. Escuchar y ver a esos hombres y mujeres es ponerlos en primer plano, con sus historias cotidianas de miserias, mientras despliegan alabanzas a un dios en el que aún creen fervientemente aunque vivan en un espacio donde el agua les llega a las rodillas, donde las ratas comen su pan, donde sufren las inclemencias del tiempo. El mundo del trabajo de esas personas gira alrededor del mundo y de las estrategias políticas de los dueños de las tierras; al igual que su vida cotidiana, atravesada por decisiones políticas externas a sus deseos y a sus derechos.

Abbas Fahdel trabaja con la dignidad y la humanidad de esta comunidad exiliada de su tierra que aún persiste en sus valores y en sus creencias, en la religión, en el trabajo, en la solidaridad aunque las condiciones materiales para su supervivencia sean demasiado hostiles.

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