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Borat es una de las tantas criaturas que han salido de la cabeza de Sacha Baron Cohen, un comediante inglés camaleónico y desaforado que apareció por primera vez en HBO, tuvo una participación en la película de Ali G (otro personaje del actor) y terminó de explotar cuando dirigido por Larry Charles creó al periodista de Kazajistán para la pantalla grande en Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán , ese fue el título completo de aquel falso documental en el que nos presentaron a ese país más bien estancado en el tiempo y cuya fiesta nacional era una grotesca “suelta del judio”, como para dar cuenta de cuál era el concepto de la celebración. Catorce años después y cuando nadie lo esperaba, Borat volvió esta vez a través de una plataforma y retomando la historia para contarnos que fue de la vida del personaje tras aquella película en la que viajaba a los Estados Unidos para sorprender a todos con el choque de culturas que provocaba pero que lo que lograba era mostrar que finalmente los Estados Unidos de América también tiene aspectos grotescos a su modo.

Cuando a mediados de la década de los ´80 apareció “La noticia rebelde” en la TV argentina uno de los puntos altos de aquel programa eran las entrevistas que realizaban Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya. En una época en que todo era adocenado y correcto, el reportaje del programa era descontracturado y algo burlón. El inicio de las entrevistas quedó en la historia por la frase de Guinzburg que miraba serio a la figura invitada y le anunciaba una pregunta “para romper el cubito” y esa fórmula se mantuvo durante dos temporadas. El grupo original de aquel programa se dividió y cuando Guinzburg logró otro éxito con “Peor es nada” el tono era bastante diferente y la pregunta estrella consistía en que sobre el final el interrogante era sobre la primera vez de las estrellas invitadas. Guinzburg explicó más de una vez que la agresividad de la pregunta para “romper el cubito” era imposible de repetir porque aquello correspondía a la situación marginal de los que hacían “La noticia rebelde” que pese a ser gente de mucha experiencia en el periodismo y en la publicidad no eran populares ni demasiado conocidos, Una vez que entraron al sistema se hacía imposible repetir el efecto porque además de ser conocidos se habían vuelto parte del sistema.

Los primero minutos de la nueva película de Borat me recordó esa reflexión de Guinzburg porque una vez que pasa ese momento en que se nos cuenta qué fue de la vida del cuarto periodista de Kazajistan,la película intenta retomar el tono de falso documental. Borat es enviado a los Estados Unidos para lograr que el presidente Trump reciba un regalo de las autoridades de Kazajistán y así establecer una relación de amistad entre ambos países. El problema de Borat ahora es que ya lo conocen muchos, ya en suelo americano recibe saludos de gente de la calle y entonces debe apelar a distintos disfraces para eludir ese detalle. Por otro lado ya no está solo, porque uno de los problemas que tiene es que el mono con el que el presidente de Kazajistán pretende homenajear a Trump tiene un percance, así que Borat decide que un buen regalo es su propia hija una joven de 15 años que viajó con él. Tutar Sagdeiev (María Bakalova) apuntala y ayuda a la trama con su propia historia que pasa por la aplicación del manual de usos y costumbres de las mujeres y su choque con la realidad de las mujeres de los Estados Unidos.

La película no fluye como lo hacía la primera y esto seguramente sucede por la ausencia de Larry Charles que es una especie de genio oculto que supo participar de la serie “Seinfeld” como guionista, colaborar con Larry David dirigiendo algunos capítulos de “Curb Your Enthusiasm” y llegó a tener su propio proyecto en Netflix (Larry Charles Dangerous World of Comedy) donde viajó a lugares donde un chiste puede costar la vida. Sacha Baron Cohen sigue siendo un cómico genial y nadie lo pone en duda, que la película no tenga la misma consistencia que la primera tampoco significa que sea mala, el problema es que ya no tiene tanta sorpresa y el humor es, entre otras cosas, sorpresa intelectual -termino de escribir la oración anterior recuerdo que alguien dijo que tratar de definir el humor es como tratar de atrapar una mariposa con un poste de telefonía-.

Hay segmentos que funcionan mejor y otros que se alargan pero, ya sabemos, que el concepto del humor incluye por estos días el hecho de agarrar una idea y estirarla todo lo que se pueda. El estilo de Barón Cohen es revulsivo y el segmento dedicado a Rudy Giuliani ya es un tema de conflicto mediático.

Borat, siguiente película documental es uno de los eventos de esta temporada y ha sido recibida con buena predisposición, porque todo el mundo está necesitando reírse de algo aunque sea como catarsis o si se quiere a modo de antídoto liviano mientras esperamos la vacuna contra todos los males de este mundo, o al menos contra el Covid 19.

BORAT, SIGUIENTE PELÍCULA DOCUMENTAL: ENTREGA DE PRODIGIOSO SOBORNO A RÉGIMEN AMERICANO PARA HACER BENEFICIOS PARA NACIÓN QUE FUE GLORIOSA, KAZAJISTÁN
Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan, Estados Unidos, 2020.
Dirección: Jason Woliner. Intérpretes: Sacha Baron Cohen, Maria Bakalova y Dani Popescu. Guion: Sacha Baron Cohen, Anthony Hines, Dan Swimer, Peter Baynham, Erica Rivinoja, Dan Mazer, Jena Friedman y Lee Kern. Fotografía: Luke Geissbühler. Edición: James Thomas, Craig Alpert y Mike Giambra. Música: Erran Baron Cohen. Duración: 95 minutos.

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