Estreno en Cine Ar TV (jueves 19 y sábado 21 de noviembre a las 20) y disponible de manera gratuita desde el 20 de noviembre en Cine.Ar Play

Casi en simultáneo con la edición virtual del Festival de Cine de Mar del Plata, se estrena también virtualmente la película ganadora de la Competencia Argentina en la edición del año pasado. Se trata del segundo largometraje de Delfina Castagnino y al igual que en el primero, Lo que más quiero, su protagonista se encuentra a partir de la muerte de un familiar en un punto de detenimiento y rechazo. En el caso de Angélica este retraimiento viene con caracteres de un signo más patológico.

Angélica (Cecilia Rainero) llega a un punto de crisis en su vida. Está a punto de cumplir cuarenta años, acaba de perder a su madre y no consigue manejar la ruptura de una relación con un tipo que al marcharse después de un breve encuentro sexual se ocupa de recordarle que es su ex. Pero lo que termina de desestabilizarla es que tiene que abandonar la casa de su infancia ya que el plan de su hermana Amalia (Andrea Garrote), es dividir la ganancia de la venta entre ambas con lo cual Angélica tiene que buscarse otro lugar, algo que no estaba para nada en sus planes. Amalia parece bastante adaptada a la nueva circunstancia, incluso un poco apurada, mientras que a Angélica por el contrario, aunque lo disimule ante su hermana, le resulta una situación insoportable. Como no puede resolverla opta por la fuga hacia adentro: fingiendo que va a parar a lo de una amiga, Angélica se vuelve a meter a escondidas. El problema es que ya hay un plan de demolición de la casa que al poco tiempo un grupo de albañiles viene a ejecutar y Angélica termina escondiéndose en un altillo mientras todo se va ir derrumbando a su alrededor, no solo las paredes.

La de Angélica es la crónica de un extrañamiento, de los demás, de la realidad, de sí misma. Angélica va quemando las naves con todos y a la vez, con una peluca, maquillaje, otra vestimenta y una personalidad apócrifa, se involucra en nuevas y bizarras relaciones, como con un grupo de señoras mayores con las que juega a la cartas mientras se inventa una nueva biografía, o como con un ex-galán de cine, interpretado por Antonio Grimau, a quien conoce en una fiesta en la que se cuela y con quien emprende un vínculo de seducción y engaños. Así pasa los días, en una suerte de tiempo detenido y a la vez en una cuenta regresiva inexorable, en la casa que se supone clausurada, escondida en el altillo cuando los albañiles están trabajando y deambulando por las noches cuando está sola y en actividades aleatorias, algunas que podrían ser hasta graciosas sino fueran además peligrosas o signo de un creciente deterioro.

La casa adquiere un papel protagónico y se convierte además en metáfora de la mente de Angélica, o por lo menos hay un paralelismo en la progresiva descomposición de ambas. La de Castagnino es una película inevitablemente claustrofóbica y asfixiante, por momentos incómoda, con climas mórbidos y perturbadores que recuerdan un poco a la Trilogía del Departamento de Polanski, sobre todo a Repulsión (1965) y El Inquilino (1976). Cecilia Rainero maneja con soltura esa ambigüedad de su personaje entre víctima, loca linda o perturbada imprevisible que permite que el espectador puede moverse entre la simpatía que puede despertarle o el rechazo ante sus conductas cada vez más irracionales y arriesgadas, y que aunque pueda prever hacia dónde se dirige no deje de temerlo. Después de todo, el de Angélica es un intento desesperado de conservar lo que queda de su propia identidad. Se podría pensar como un film de terror pero donde lo terrorífico viene desde adentro, de los propios fantasmas, donde el miedo es a la soledad, a perderlo todo incluido el propio ser, y la respuesta posible y a la vez fatal es el aislamiento y la locura.

ANGÉLICA
Angélica. Argentina, 2020.
Dirección: Delfina Castagnino. Intérpretes: Cecilia Rainero, Antonio Grimau, Andrea Garrote, Diego Cremonesi, Sebastián Arzeno. Guión: Delfina Castagnino, Agustina Liendo, Martín Feldman, Martín Mauregui. Fotografía: Iván Gierasinchuk. Música: Alejandro Kauderer, Ignacio Gabriel. Montaje: Delfina Castagnino, Andrés P. Estrada. Dirección de Sonido: Federico Esquerro, Estebán Golubicki. Dirección de Arte: Julieta Dolinsky, Marina Gurman. Producción: Alejandro Israel. 108 minutos.

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