Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 21 hasta el 23 de noviembre.

Como una suerte de homenaje a la producción de cine gore de los finales de los ’80 y al género de terror en general, Al morir la matinée desde la primera secuencia deja en claro la clave en la que va a desarrollarse. Hasta el momento del ingreso del protagonista a la sala de cine, el director Maximiliano Contenti demuestra que tiene buen manejo de los códigos y de la estética necesaria para este relato, ubicado en un enrarecido Montevideo entre envejecido y kitsch.

La historia es simple y no pretende ninguna sutileza. En una gran sala de cine decadente con una decena de butacas ocupadas comienza la proyección de una vieja y extraña versión de Frankenstein. Entre trabajadores y espectadores, personajes algo descoloridos, se da el tradicional juego del gato y los ratones, todos ellos están en un lugar cerrado con una potencial amenaza circulando por allí. ¿Será ese hombre oculto tras las ropas realmente un asesino?

La película camina hacia los asesinatos y la sangre, que por supuesto llegarán, con la lógica de una comedia de enredos. Personajes torpes, cruces casuales que cambian los caminos, confusiones sobre la identidad de cada uno. Contenti pone a cada personaje en camino hacia la muerte casi por compromiso. La construcción de esas identidades son a puro trazo grueso y allí se pierde que el suspenso necesario antes de la aparición de los crímenes. Ni siquiera aprovecha el tiempo para generar sospechas, trabajar las direcciones de miradas, construir la espacialidad de esa gran sala como una potencial amenaza.

El director demuestra conocer el género y saber hacer bien todo aquello que está en altamente codificado, el plano corto, el corte de montaje, el uso de las luces y las sombras, los pequeños gestos indicativos de las características del asesino. Pero lo que pone a una película en otra dimensión no es solo ese manejo de la estructura, de los recursos formales o el montaje en su función espacio temporal. Lo que hace que una película de género cobre otro vuelo es cómo se construyen personajes, empatías, rechazos, sospechas cruzadas y la vacilación ante la aparición de lo mortal en el campo compartido entre esos personajes y el espectador. Incluso la relación entre los ojos y los espectadores de cine parece una idea interesante que se pierde en la propia abulia en la que cae el relato hasta el desenlace.

Al morir la matinée es una película roja de sangre que puede gustar a los fanáticos del género, a los que disfrutan de ver colectivamente cuchillazos, degüellos y corazones atravesados. Pero difícilmente vaya más allá de eso.

AL MORIR LA MATINÉE
De Maximiliano Contenti (Uruguay. 88 minutos)

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