Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 21 hasta el 23 de noviembre.

Tal como su nombre sugiere, El tango del viudo y su espejo deformante es un caso pletórico de dobles y juegos especulares, tanto dentro como fuera de la pantalla. La primera/última película de Raúl Ruiz es también un conjuro, una invocación al más allá en la que Valeria Sarmiento, viuda de Ruiz y directora a su vez de una reconocida filmografía, haciendo el papel de co-directora y médium convoca a el espíritu de su compañero fallecido en 2011 rescatando el que iba a ser su primer film en 1967, un año antes de que Tres Tristes Tigres se transformara finalmente en su ópera prima. Sarmiento recuperó las latas en 35 mm del film inconcluso, que en ese entonces se llamaba solo El tango del viudo. El material no tenía sonido y tampoco parecía haber un guión a mano, por lo que un equipo de sordos se puso a leer los labios de los actores para reconstruir el texto y doblar a los personajes. La viuda montó la película como creía que su marido la hubiese armado sin tener demasiadas guías ya que la filmación se hizo unos años antes de que ambos se conocieran y parece que Ruiz no sacaba mucho el tema. Dadas las circunstancias es lógico concluir que el de Sarmiento es tanto un trabajo de reconstrucción como de creación y por eso el papel de co-directora está más que justificado. Tanto como para agregarle el “y su espejo deformante” que completa el título y da cuenta de su parte.

El viudo en cuestión es Clemente, un profesor cuya esposa se ha suicidado. Pero como está claro en esta película que la muerte no es el fin, Clemente recibe con asiduidad la visita del fantasma de su esposa, visitas que distan bastante del acoso atormentado ya que el de la finada es una suerte de fantasma juguetón que prefiere molestar a su marido, toquetearlo, reirsele en la cara, aparecer debajo de la cama o refregarle la peluca (gran momento). Y cuando las cosas ya parecían bastante raras pero en cualquier caso estaban por concluir, a mitad exacta del film este hace una maniobra inesperada y desconcertante, se pliega sobre sí mismo como una hoja y empieza a ir para atrás, literalmente. A partir de ahí todo empieza a rebobinar en tiempo real, los personajes caminan para atrás, hablan al revés, las cosas caen para arriba y todo el relato va volviendo al inicio como si esta segunda mitad fuera efectivamente el espejo de la primera, pero no exactamente igual porque algunos detalles, algunos textos en off y al derecho, tomas invertidas y otros cambios indican que estamos ante otra cosa, algo más del orden de un reflejo fantasmal.

Es imposible decir que tanto esta versión final se parece a lo que el director chileno tenía en mente hace más 50 años, pero el resultado es cautivante, incluso si a veces nos preguntamos qué diablos estamos viendo, y se podría intuir que su espíritu, en ambas acepciones de la palabra, parece haber acudido a la cita.

EL TANGO DEL VIUDO Y SU ESPEJO DEFORMANTE
De Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento (Chile, 2020. 63 minutos)

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