Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 21 hasta el 23 de noviembre.

La escuela del bosque es una película a propósito de exilios, identidades, deudas con las familias de origen, la construcción de nuevas familias y nuevos barrios. María es una argentina de 35 años, divorciada, que vive con su pequeña hija Isabel –catalana-, en una casa con jardín en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Se fue de su país hace 10 años, en un exilio que no tiene que ver con dictaduras ni crisis. Viajó a España para estudiar y allí se quedó y vive. Una historia calma pero que, como todo desarraigo, arrastra dolores.

Iara, hermana 10 años menor de María llega a Barcelona y la historia parte con ese marco: la relación entre las hermanas, el padre adulto que vive un barrio alejado de ese centro, la madre que quedó en Buenos Aires, los ex y los presentes, los abandonos mutuos, los reencuentros posibles, lo que María fue y lo que es. ¿Es necesario borrar la melancolía del lugar de uno para poder construir otro lugar para uno? ¿Cuál es el idioma a hablar, el de la propia infancia o el de la infancia de la hija? Lo que puede doler, sin que haya crisis sino un flujo natural de la vida, se cuenta aquí en cada pequeña escena construida alrededor de los diálogos.

El trabajo de Gonzalo Castro y Guillermina Pico, coguionista e intérprete, tiene como resultado la mirada sobre algunas de estas cuestiones a partir de escenas sostenidas por diálogos, generalmente íntimos, habitualmente cálidos y cotidianos. El interés que pueden o no despertar, se sostiene en cómo funcionan las relaciones entre los personajes en la escena más que en lo que dicen (la relación entre María e Isabel tiene grandes momentos). En gran parte de la película esa textualidad resulta algo obvia y redundante.

Castro ha sostenido una estética propia en sus películas: planos fijos capaces de armar una escena completa y autosuficiente –no parece haber mundo fuera de ese encuadre- y diálogos bien trabajados, mérito de la escritura y el trabajo con las actrices, protagonistas casi exclusivas. Hace uso del blanco y negro para agregar calidez y un leve toque de melancolía a la película.

La elección del modo de contar de la dupla autoral tiene sus altos y sus bajos. Por momentos los diálogos dejan ver su exagerada perfección, su necesidad de decir algo explícitamente para que el espectador lo entienda, para completar ese mundo que queda fuera del encuadre, como si para eso no bastara la propia experiencia del público.

La apuesta estética por la intimidad y cercanía requiere de empatía y conexión con el espectador. Aunque las decisiones formales en La escuela del bosque sean buenas, no siempre logra hacerse interesante y así el vínculo con el otro se pierde y la película queda allí, ocurriendo calma sobre la pantalla, como un sonido de fondo.

LA ESCUELA DEL BOSQUE
De Gonzalo Castro (Argentina. 88 minutos)

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