Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 22 hasta el 24 de noviembre.

El primer largo del cordobés Javier Favot cuenta una historia en dos partes, dos mitades, que si bien tienen una coherencia estética y fluyen naturalmente, están bien diferenciadas. En la primera vemos a Rapa, quien vive aislado en una casa en medio del bosque en las sierras cordobesas con un gato que parece ser su única compañía. Su vida es bastante simple: cortar leña, hacer un fuego, cocinar, alimentar al gato, a veces dibujar por las noches. Esta parte está contada en un estilo descriptivo y contemplativo, atento a los detalles de la naturaleza o de la vida cotidiana del protagonista de un modo que recuerda a los films de Gustavo Fontán. La cámara se detiene en el paisaje, el cielo tormentoso, la estela de un avión, el pelaje de un caballo. Dos imágenes son recurrentes de diversas maneras: la vegetación y el fuego. También el sonido adquiere protagonismo con la lluvia en el bosque, el crepitar de la leña en el fuego, el ruido de los insectos nocturnos y de las aves, colocando al espectador en una experiencia inmersiva. La historia se desgrana lentamente. Al principio no sabemos por qué Rapa vive ahí aislado. Después van apareciendo algunos elementos que podrían dar algunas pistas. 

Rapa trata de evitar el trato con la gente y con los recuerdos, aunque estos últimos parecen ser más insistentes y en un momento se imponen. El detonante está en un grupo de viajantes en el bosque con los que Rapa no toma contacto pero su visión le dispara ciertas cuestiones enterradas. Si hasta ahora no hubo diálogo, a mitad de la película escuchamos un monólogo interno del protagonista que anuncia algo de su estado íntimo, algo del pasado que no suelta, en la forma de momentos felices que quedaron atrás pero no tanto. Tras una hipnótica secuencia de incendio forestal y bomberos recortados en la oscuridad, algo que podría ser un sueño, una fantasía, o un recuerdo, Reba emprende el viaje al pueblo para encontrarse con un amigo y en busca de ese tiempo perdido. El viaje da lugar a una segunda mitad más narrativa que la primera pero, al igual que esta, atenta a los detalles. También aquí Favot experimenta con ciertos recursos narrativos interesantes. Escuchamos a los amigos dialogar y compartir sus recuerdos, pero en ese momento no los vemos a ellos sino a varios detalles de la casa, cuando los vemos hablar el sonido es del ambiente. El film de Favot apuesta más a lo sensorial en su primera mitad y más a lo emotivo en la segunda, aunque en esto la distinción no sea tan terminante, y si hay algo que lo caracteriza es la sensación de melancolía que tiñe todo el relato.

DEJA QUE LAS LUCES SE ALEJEN
De Javier Favot (Argentina/Uruguay 2020. 67 minutos)

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