Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 22 hasta el 24 de noviembre.

Atravesar las tres horas veinte de duración de El año del descubrimiento puede ser demoledor pero el impacto no tiene que ver exactamente con su longitud. Avalado por la crítica española y signado como la mejor película del año, este documental de Carrasco emerge en un momento histórico clave. Basándose en un hecho muy preciso, acontecido en 1992 en la ciudad de Murcia, logra hacer eco de esa particularidad para interrogarnos sobre las condiciones laborales que atañen a todos en un mundo globalizado.

Las placas iniciales nos remontan a los comienzos de la década del 90 cuando España se prepara para los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, relacionada con el V Centenario del Descubrimiento de América. Pero al tiempo que España protagoniza este shock de modernidad y apogeo, una crisis industrial comienza a hacerse presente. En aquellos días, el gobierno español impulsa una reconversión de la industria que proponía la privatización de empresas estatales, la compra de empresas españolas por parte de capitales extranjeros al tiempo que daba rienda suelta a las empresas privadas para “regularizar” la planta a su criterio. Esta situación derivaría en la posible pérdida de 15.000 puestos de trabajo en Cartagena, una ciudad que vivía de la industria de astilleros, fundiciones y fertilizantes. Aquella situación derivó primero en una protesta sindical que prontamente tuvo el apoyo de todos los ciudadanos y el resultado fue la quema del Parlamento y la quita del expediente, por lo menos para las empresas estatales. Otra suerte corrieron los empleados de las privadas.

Al comienzo uno creería que va enfrentar un documental al estilo de Patricio Guzmán o Pino Solanas, pero nada más lejano. Las imágenes de archivo están aunque son escasísimas porque el punto del documental no es tanto revivir la memoria de aquellos días gloriosos en los que esa batalla particular fue ganada sino repensar las consecuencias de un modo de existencia que se venía gestando desde la muerte de Franco y el comienzo de la democracia.

“Aunque no lo recuerde sí que lo he vivido”. Esta es la frase a modo de epígrafe que acompaña una infinidad de historias contadas a través de pobladores de la zona que se encuentran en el Café Bar Tana. La estrategia, que sostiene prácticamente duramente más de las tres horas de duración es la de la pantalla partida en dos. Por momentos, atendemos a dos grupos o testigos diferentes, sentados en mesas que intuimos no son las mismas. Por otros, se trata de partir pantalla para sustituir este recurso por el de plano y contraplano. Al parecer siempre es necesario más de un punto de vista sobre lo mismo, más de una cámara, más de una historia.

Estos testigos cuentan sus historias o las de sus padres o abuelos, según la edad del que recuerda. Y estas historias van operando como capas de memoria que en definitiva los constituyen como hijos, como padres, como individuos, pero también como trabajadores porque desde la perspectiva de El año del descubrimiento el devenir del ser es el devenir del trabajador. En esas capas de memoria y relatos de experiencias van surgiendo reflexiones sobre las condiciones de trabajo, los riesgos de trabajo, el estatuto del sindicalista ayer y hoy, las fluctuaciones salariales, etc. La alteridad de la pantalla partida que utiliza Carrasco se cruza con la alteridad de la memoria y el olvido entre la generación que cuenta en primera persona su experiencia y la generación que no recuerda pero que es de igual manera atravesada por sus consecuencias.

Por supuesto, al recuperar este suceso puntual, Carrasco deja en claro las derivaciones de ciertas decisiones que deja a España en una situación de desventaja respecto de otros países europeos. Pero no está tan interesado en comentar esto de manera directa. Su estrategia es que esto decante solo, por el mero hecho de registrar el relato narrado en primera persona. Un relato que no está centrado tanto en un tono político sino más bien en las pequeñas miserias cotidianas que la vida (laboral) va imprimiendo.

También se trata de un documental de diálogo temporal entre la explosión de Cartagena, las secuelas posteriores y las nuevas condiciones de trabajo que poco tienen que ver con aquellas. Tal vez más hacia el final, el foco se coloca en las negociaciones para evitar los cierres de las fábricas de Bazán, Peñarroya y Fesa-Enfersa en aquellos días de 1992. Pero al hacerlo se abisma el interrogante hacia el presente. ¿Hacia dónde vamos en un mundo globalizado que ve debilitado la reivindicación sindical? ¿Hacia dónde dirigirnos en un contexto en el que claramente ha ganado la ultraderecha y no parece haber nada del otro lado para compensar esa balanza? Son interrogantes que merecen ser enunciados en voz alta si se quiere, aunque sea tímidamente, esbozar alternativas.

EL AÑO DEL DESCUBRIMIENTO
De Luis López Carrasco (España, 2020, 200 minutos)

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here