Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 26 hasta el 28 de noviembre.

Una obra coral compuesta por cuatro cortometrajes que comienza con el maestro Edgardo Cozarinsky, y sigue por las historias de Loza, Cosin y Paula, Edición ilimitada logra constituirse como una interesante unidad que tiene como eje la potencialidad de la lectura y la escritura.

Si hay un hilo conductor rotundo en esta propuesta es sin duda la práctica de la escritura, que involucra necesariamente la lectura como método de construcción. Escribir siempre es leer, pero también funciona a la inversa. Leo y construyo, junto con las ficciones, otras posibles. Estas alternativas tal vez nunca serán expresadas, pero no hay duda de que, en el tiempo presente de la lectura, existen.

El título de la película indirectamente alude a este estado descripto, a esa condición ilimitada de la práctica. Pero también es una referencia a lo que la película misma está haciendo como una suerte de comentario sobre su propia construcción. No es casual que el capítulo de cierre, escrito y filmado por Romina Paula, exhiba un ensayo dentro de un ensayo; vemos un grupo de un taller literario ensayando una obra, que pretende ser una obra de teatro en la que se lleva a cabo un ensayo de un grupo de actores que desea realizar una película. Y como cierre, este ensayo dentro de un ensayo, está dentro de Edición ilimitada. Tal como nos intenta explicar la profesora del taller literario, usando las ideas de Lacan (aunque alterándolas un poco), la verdad tiene estructura de ficción; es decir, la ficción es una forma de acceder a la verdad. Con lo cual, nada mejor que una representación dentro de una representación para acercarnos lo más posible a la realidad. Y en este caso, a la realidad de la escritura.

El capítulo II, dirigido por Loza, cuenta la historia de un vínculo confrontativo entre un aprendiz a escritor y su maestro. La confrontación es casi de todos los planos: joven/ viejo, campo/ ciudad, espacio abierto/ espacio cerrado, tibio/ caliente. Esperable era que sus escrituras y las formas de acceder a ellas fueran antagónicas. El joven escribe en la cocina mientras la abuela mira la televisión, pero su maestro lo hace en bares, ya que entiende que este espacio da la dosis justa de dispersión, concentración y distensión que necesita un escritor. Por su lado, el capítulo III, dirigido por Cosin, gira en torno al interrogante de una “escritora” que intenta comprender qué nos lleva a la identificación o tipificación. “¿Qué soy?”, se interroga una voz en off. Se siente nadie, portadora de una maestría en pérdida de tiempo y sin embargo es una escritora. Escribió un libro, así que a la pregunta incómoda ¿qué sos?, ya puede dar con una respuesta concreta. Una mujer separada con una nena de 5 años, que escribió una novela sobre una mujer separada con una nena de 5 años. Nada más que eso. Ella está en un cumpleaños rodeada de gente que también pueden o buscan responder a un “¿qué sos?”: el que tiene varios éxitos literarios, el que escribió pero no publicó, el crítico literario, el músico, el director de cine, etc.

Y por último, el comienzo. El capítulo I, escrito y dirigido por Cozarinsky, lanza una reflexión que nada tiene de azarosa en el contexto de discusión actual. Por un lado, Cozarinsky, interpretado por Cozarinsky, está en un bar intentando leer con mucha dificultad: se tapa el ojo “malo”, el derecho por supuesto, para con el agonizante ojo izquierdo intentar leer. Una señora se apiada de él y le ofrece leerle unas páginas. El libro en cuestión es nada menos que El realismo capitalista de Marc Fisher. ¿Qué dice este autor inglés? Bueno, tal vez sea muy largo intentar trasladar aquí ideas tan importantes que además retoman gran parte de las reflexiones de Jameson, Žižek, Deleuze, Sloterdijk, etc. Pero hay dos aspectos que merecen ser recordados. Por un lado, Fisher habla de la dificultad de imaginar una opción al capitalismo, incluso hasta para el pensamiento creativo. Las ficciones cinematográficas pueden imaginar fácilmente el fin del mundo, pero no el fin del capitalismo. O en todo caso, si en ellas se exhibe un capitalismo agonizante es porque el planeta se está acabando, tal como sucede en Niños del hombre (Alfonso Cuarón, 2006). No importa el problema: meteorito cayendo sobre la tierra, extinción de recursos naturales, plagas, virus, zombies, fallo en rotación de la tierra, vuelta a la era glaciar o esterilidad de la raza humana. ¿Hace falta mencionar toda la literatura y cine que cuenta estas historias? Si el capitalismo, en estas ficciones, no es más viable fue, al parecer, por puro azar, no porque una alternativa fuera imaginable. El segundo aspecto, y que aparece de manera más explícita en Edición ilimitada, es que esta situación que limita el horizonte de lo pensable parece inmovilizar las prácticas de izquierda. Un poco como sucede con los ojos de Cozarinsky: el derecho no ve nada, el izquierdo está intentando subsistir, pero depende del primero de alguna manera.

Hacia el final del capítulo I, se encuentra en el mismo bar leyendo. Esta vez lee Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes. Allí Cozarinsky ve una mujer, bastante más joven que la primera, aunque realmente parece ser la misma con tres décadas menos. Sabemos que este texto de Barthes funciona como un laboratorio de escrituras de fragmentos, escenas, difíciles de encasillar en términos de género. ¿Es un diario íntimo, notas sueltas, borradores de escenas teatrales? Es todo eso y nada. Al igual que el amor, la escritura también escapa a cualquier predicción. Tal vez por ello, envalentonado, Cozarinsky cree que es viable que la joven acceda a leerle unas páginas del libro. Quien sabe, tal vez lo logre. En definitiva, es Edgardo Cozarinsky.

Edición ilimitada es una película poco pretensiosa pero no por ello simple. Encubierta en microescenas, destila discursos que pueden ser leídos en múltiples sentidos. Una suerte de buffet froid literario y cinematográfico, una hermosa experiencia para todo espectador que se siente lector en el cine y escritor en la vida.

EDICIÓN ILIMITADA
De Edgardo Cozarinsky , Santiago Loza , Virginia Cosin , Romina Paula (Argentina 2020. 74 minutos).

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