Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 26 hasta el 28 de noviembre.

Un pequeño instante en la película sirve para resumir lo que está en juego en Mascarados: un joven adulto y su pequeño hermano juegan con una consola, el mayor le dice al pequeño “Tenés que acostumbrarte a perder” y el menor le contesta “¿Por qué?”. El audio se solapa con el plano siguiente en el cual dos trabajadores hablan sobre la explotación de la que son víctimas en la cantera, una de las pocas fuentes de trabajo para hombres jóvenes en Pirenópolis, en el estado de Goiás, en el centro oeste de Brasil.

Los protagonistas son los trabajadores empobrecidos de la cantera y sus familias. El relato cuenta esta relación laboral -más que precaria- en paralelo a otra historia, que es funcional a ese poder económico: las autoridades deciden que en la Festa do Divino Espírito Santo quienes vayan “enmascarados” deberán hacerlo previamente identificados, sino podrán ser detenidos. La tradición de llevar máscaras en la fiesta de Corpus Christi es por primera vez puesta bajo la mirada policial.

La población repudia la decisión, pero solo unos pocos protestan frente a la municipalidad. El miedo y la sumisión son los grandes ordenadores en la relación social, y en la película se cuentan de un modo invisible, en las charlas entre los trabajadores y en las cocinas familiares. Esos sentimientos circulan en los espacios desmesurados de la cantera y en la intimidad de las casas. En la mecánica violenta de los explosivos y las máquinas, y en el silencio del artista que pinta las máscaras.

La explotación no es solo bajos salarios. El patrón de la cantera, concedida de manera sombría por la municipalidad, deja claro que si él gana plata paga las quincenas, pero que si no gana lo suficiente, no hay paga. Tan sencillo y brutal como eso.

Mascarados es una mirada inteligente sobre la sobre explotación en pueblos como Pirenópolis y las prácticas que la sostienen, en esas ciudades tan alejadas de la modernidad y la potencia industrial de las grandes urbes. El modelo represivo instaurado para las fiestas populares es parte de esa misma trama. En ese contexto ponerse una máscara es una forma de rebelión. Como reclamar el salario justo o negarse al destino impuesto de ser siempre el perdedor.

MASCARADOS
De Henrique Borela y Marcela Borela  (Brasil. 66 minutos)

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