Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 27 hasta el 29 de noviembre.

El sonido de la motos se inserta de fondo en la imágenes. Son las motitos que circulan por un barrio córdobés que padecen saqueos juveniles. Mientras la policía se lleva a cuanto pibe ve motorizado, la pareja de adolescentes de Juliana y Lautaro enfrentan la problemática de un embarazo no deseado.

La película de Inés Barrionuevo (Julia y el zorro, 2018) codirigida con la guinista María Gabriela Vidal, se inspira en la novela de Vidal “Los chicos de las motitos”, en la cual narra la estigmatización del joven-pobre-en-motito como sinónimo de “motochorro”. Mientras la gente lo naturaliza, la autora se opone a esa generalidad tan clasista y superficial, que está latente a lo largo de la película.

En ese contexto de fondo, la historia de amor de Juliana y Lautaro (que también va en moto), desata una crisis personal y afectiva que pondrá en juego los vínculos con sus familiares, principalmente, el de Juliana con su madre, a quien enfrenta y necesita más que nunca. Una relación, muy bien manejada, que se va desarrollando con todo tipo de matices.

Las realizadoras cordobesas logran un relato urbano fluido y realista que se caracteriza por la observación cercana de los personajes principales y secundarios (está muy bien la hermana menor de Juliana o el amigo gay de Lautaro); como por el registro de los detalles cotidianos (el porro, los bailes, la comida, el colegio). Esa combinación visual y narrativa, expone el desafío adolescente contra el mundo adulto, y la fragilidad de la libertad como concepto en juego. Y en ese punto, la película se conecta con la represión de un afuera amenzante,

En Las motitos no sólo se habla de la libertad en relación a decidir sobre el cuerpo, y elegir a quien amar, sino también en cómo acercarse a los hijos, y enseñarles el costo o las consecuencias de perderla.

LAS MOTITOS
Inés María Barrionuevo y Gabriela Vidal (Argentina, 2020. 84 minutos)

Compartir