Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 27 hasta el 29 de noviembre.

Méandre pone en práctica un recurso ya transitado por otras películas del género de terror. Tal vez el caso más cercano sea Cube (1997) dado el énfasis en el estado de claustrofobia que apremia al personaje, pero hay detalles de otras ficciones como la saga de Saw. Tiene un giro de tuerca, pero convendría agarrar esa tuerca y tirarla a la basura.

En términos narrativos parece ser bastante sencilla: una mujer deprimida por el aniversario de la muerte de su pequeña hija, se sube al auto de un desconocido. La radio anuncia que se encuentra prófugo el sospechoso por las muertes de dos jóvenes y Lisa percibe que el sujeto que la traslada en el auto encaja con la descripción del asesino. La escena termina bruscamente y Lisa despierta en un espacio muy reducido, vistiendo un extraño traje de neoprene y una pulsera luminosa con una cuenta regresiva. Ese reducto conecta a su vez con varias tuberías que van tomando la forma de un “meandro”, un laberinto muy asfixiante que Lisa debe atravesar para salir con vida.

La protagonista no tarda mucho en comprender que hay una relación entre los números de la pulsera que marcan el tiempo y las trampas que debe sortear. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol: violencia de género, castigo corporal y psicológico, la promesa de vida si pasa la prueba. Pero en algún punto asistimos a un cambio de registro y ya no resulta tan simple los motivos que han llevado Lisa a esa situación dramática en la que ser privada de su libertad parece ser un dato menor. Sin caer en el spoiler –aunque la tentación es grande- se puede adelantar que tal vez haya malos, que siguen siendo malos, pero no por ello son culpables de todo lo que la narración despliega, y también hay “buenos” que ayudan a Lisa pero tal vez tengan una metodología no muy didáctica.

Ahora bien, en esta instancia el silencio no es opción. ¿En qué momento el castigo es una herramienta válida para lograr que una mujer sea fuerte y autónoma? Es más, ¿hasta qué punto hay que llevar la cuestión de la fortaleza y el empoderamiento como valores que están por arriba de cualquier otro que pueda transitar una mujer?

El hecho de que la película de Turi tenga como objetivo el mero entretenimiento, no la dispensa de entretener a cualquier costo. Es más, yo me pregunto, ¿para quién hizo esto? Verdaderamente, ninguna mujer necesita apelar a la violencia, de cualquiera o bien de su victimario, para liberarse y sentirse plena. ¿Por qué la insistencia en que el conocimiento y aprendizaje derivan del sufrimiento inagotable? Respecto de esto es interesante que Lisa debe incluso pasar más de una vez por las pruebas porque solo la perfección puede “elevarla”.

En fin, si desean sentir claustrofobia y el pánico cuando la muerte te pisa los talones (literal), pueden intentar verla. Sin duda, la peor propuesta de la sección Hora Cero, muy por debajo de Teddy y Come True.

MÉANDRE
Por Mathieu Turi (Francia, 2020. 90 minutos)

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here