Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 27 hasta el 29 de noviembre.

Este ensayo cinematográfico se compone de dos capítulos, el primero una suerte de collage divertido y pregnante de preguntas sin respuestas. El segundo capítulo una voz en off nos retrata el derrotero de ciudades, protagonistas y materiales que involucro la investigación anterior a la producción de la película. Algunas respuestas y muchos más interrogantes.

La investigación es sin lugar a dudas, muy interesante, pero no es difícil pensar que su acercamiento solo convoque a un público altamente especializado. Detrás de escena la amplia red de teóricos y críticos de cine se dan cita, una vez más, a otra tan sabida forma de la cinefilia.

La interacción entre estos dos capítulos surge efecto, luego de revolver entre nuestras categorías y acervos para descifrar la finalidad del primer capítulo, la voz en off tomara todos los recaudos necesarios para aclararnos los protagonistas y eventos que constituyen el alma de la propuesta.

Parados sobre la abducción, tirando el hilo para desenredar el laberinto, no puedo dejar de pensar que el problema abordado no es una simple premisa, más bien creo que No existen 36 maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo convoca una aporía tan antigua como presente: una paradoja que invoca el análisis de las partes para construir desde la síntesis el todo. Algo que esta propuesta pretende y logra con forzado trabajo.

NO EXISTEN 36 MANERAS DE MOSTRAR CÓMO UN HOMBRE SE SUBE A UN CABALLO
De Nicolás Zukerfeld (Argentina 2020, 63 minutos)

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