Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 27 hasta el 29 de noviembre.

El asomarse a los aspectos desconocidos de la vida de un ser querido y la espera, son los elementos centrales del duelo que transita una madre y su hijo menor, que llegan al pueblo en donde murió Alexis, el hijo mayor de la mujer. Allí, desde el hotel en donde residen por unos pocos días, la madre y su hijo van desandando los trámites burocráticos para despedir a Alexis, recuperan sus pertenencias, reconocen el cadáver, se interiorizan sobre la investigación policial que debe resolver las causas de la muerte y van reconstruyendo lo que fue su vida privada en ese pueblo en donde el joven trabajaba como peón de mantenimiento en un campo de golf y servía como bombero voluntario.

Luego de Crespo (La continuidad de la memoria) y Tan cerca como pueda, el director entrerriano Eduardo Crespo regresa a su lugar de origen, convencido de que los duelos y las despedidas adoptan otras formas en el ambiente rural, menos estridentes, con silencios y pausas que no son habituales en escenarios urbanos.

Austera pero efectiva en su carga dramática, la película de Crespo (aquí la entrevista cuando la película se presentó en San Sebastián) evita cualquier acentuación sobre la tragedia que viven los protagonistas y en cambio plantea una puesta en donde la desolación de la mujer (extraordinario trabajo de la actriz trans Romina Escobar, recordada por Breve historia del planeta verde de Santiago Loza y con cierta popularidad a partir de su papel en la tira televisiva “Pequeña Victoria”), se complementa con el estupor de su hijo menor (Rodrigo Santana) por la muerte de su hermano, que acelera su despedida de la niñez.

Nosotros nunca moriremos transita ciertos elementos del thriller pero solo de manera oblicua, en tanto los recursos del género van exponiendo la vida de Alexis (Brian Alba) con algunos flashbacks decisivos para entender su existencia lejos de su familia y sobre todo, las causas de su muerte, que de manera paulatina se revela como otro factor que suma dolor a los protagonistas.

Triste pero luminosa, bella pero sobria en la puesta, con todos los desafíos que se autoimpone, la pequeña Nosotros nunca moriremos es una sentida reflexión sobre la pérdida y el difícil desafío del futuro.

Reseña publicada en oportunidad de la cobertura de la 68° edición de Festival de San Sebastián (2020).

NOSOTROS NUNCA MORIREMOS
De Eduardo Crespo (Argentina 2020. 83 minutos).

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