Disponible en la página del Festival de Mar del Plata desde el 27 hasta el 29 de noviembre.

La charla banal sin derivaciones aparentes es el elemento principal de The Woman Who Ran, la última película del surcoreano Hong Sangsoo. La trama se articula en apartados que no son más que tres conversaciones que la protagonista -Gamhee (Kim Minhee)- mantiene con algunas amigas a las que no ve hace tiempo. Estas visitas de Gambee son inusuales ya que desde que se casó, ella y su marido no se han separado jamás: “a él le gusta que estemos siempre juntos”, repite la protagonista una y otra vez como un logro de un matrimonio consolidado pero que suena a hartazgo y queja de una situación impuesta.

Por primera vez el marido de Gamhee viajó por negocios, así que esta libertad inesperada es aprovechada para hacer tres visitas. En la primera, la anfitriona (Seo Younghwa) está acompañada de otra mujer (¿room mate, pareja?) que vive en las afueras de Seúl. El próximo encuentro es con una amiga (Song Seonmi) que vive sola, es independiente y tiene su propia vivienda. El último es relativamente fortuito, porque va al cine y allí se ¿encuentra? con la última mujer (Seo Younghwa). En esa suerte de cierre, el pasado de Gambee emerge y, junto, con él ciertas tensiones que siguen sin estar resueltas.

Pero no se trata solamente de tres diálogos entre tres mujeres. La estética y el ritmo es, como suele ser en muchas de sus películas, la de la impronta y la enseñanza de Eric Rohmer: los problemas, las incomodidades están maquillados de lo banal. Esto se ve claramente en el primer diálogo, que poderosamente recuerda a El rayo verde de Rohmer, y que gira alrededor de la relación con la comida, el cuidado del cuerpo y el contacto con la naturaleza. Mientras las mujeres comen con delectación pedazos de carne, no pueden dejar de enunciar que son vegetarianas, como si las ideas no tuvieran ninguna relación con las acciones. En la segunda charla, Gambee conversa con su amiga sobre los beneficios de vivir en contacto con artistas. Y finalmente, el tercero funciona como un epilogo de la confrontación de la protagonista con estas mujeres, que, en comparación con su existencia, tienen una vida plena y definitivamente más libre.

Volviendo al principio la banalidad se hace presente pero solo es un vehículo para contar la incomodidad y el desasosiego de Gamhee. Pero no solo el de ella, el devenir de los diálogos va instalando mojones de la cotidianidad de sus tres amigas, en donde los hombres son elementos disruptivos que alteran sus elecciones: un vecino protesta porque las dos mujeres le dan de comer a los gatos del barrio e incomoda a su esposa, un amante reclama atención, un famoso escritor hizo su elección y puso distancia entre dos amigas.

Como todas las películas de Hong, el mapa del territorio a abordar se va develando de a poco y con aparente liviandad, pero si en general los hombres no obtienen una mirada benevolente en su obra, más que nunca el director surcoreano construye desde un absoluto feminismo. Esta operación está incluso en sus primeros films como El poder de la provincia de Kangwon (1998) o La virgen desnudada por sus pretendientes (2000) pero con el tiempo el rol femenino se ha robustecido, y de alguna manera, la impronta masculina está necesariamente presente pero apenas como un eco que debería ser prescindible.

El cine de Hong Sangsoo comenzó a verse en la Argentina hace unos cuantos años en el Bafici y desde entonces fue furor para los cinéfilos, que vieron casi como un milagro que se estrenaran comercialmente En otro país (2013) y El día después (2017). El contexto de la pandemia hizo que el Festival de Mar del Plata fuera online pero a favor, el formato ofrece la oportunidad de ver “películas de festivales” como The Woman Who Ran, una maravilla imperdible.

THE WOMAN WHO RAN
De Hong Sangsoo (Corea del Sur 2020. 77 minutos)

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