Estreno en Cine.Ar Play desde el 1 de diciembre.

Che, memorias de un año secreto, narra un período no tan recordado en la vida de Ernesto Guevara. Ya instalada la revolución cubana, el Che se dirige a la República del Congo con el fin de asesorar en la planificación de una guerrilla. Frente al fracaso de esta experiencia, Guevara se traslada a la embajada de Cuba en Tanzania, pasa un tiempo en Praga para luego regresar a Cuba e iniciar los preparativos de la guerrilla en Bolivia.

Descripto en una línea de tiempo, casi pareciera que Che, memorias de un año secreto es un símil de Diario de motocicletas (Walter Salles, 2004), una road movie pero ahora en África y parte de Europa. Lo cierto es que no se parecen, pero una puede ser pensada como la contracara de la otra. Diario de motocicletas era una ficción que narraba ese primer contacto que el Che tuvo con la idea de la opresión de un pueblo, como si ese viaje específico operara como disparador de su identidad revolucionaria. En cambio, este documental narra, a través de testimonios, documentos de archivo y entrevistas, un fracaso o bien el ocaso de un proyecto.

El primer impacto es sin duda con el contacto con África en 1965. El concepto de “hombre nuevo” que pretendía delinear el Che parecía ir a contrapelo del pensamiento mágico muy instaurado por las comunidades tribales del Congo. A esto se sumó un sinfín de conflictos entre las tribus que incapacitó el espíritu de hermandad y la identificación de un enemigo en común y, finalmente, el golpe de estado de Mobutu que derivó en una aceptación del pueblo congolés a los que se habían hecho con el poder.

Apesadumbrado por este resultado, el Che cruza a Tanzania y se refugia en la embajada de Cuba transitoriamente y organiza sus próximos pasos.

En la embajada, Guevara recibe a un enviado de Cuba que lo somete a un “enmascaramiento”: altera su dentadura con una prótesis, afeita su barba y las entradas de su cabellera, le coloca una pequeña joroba y sube unos centímetros la plantilla de sus zapatos. El resultado en Ramón Benítez, empresario uruguayo que viajará a Praga y se quedará allí, con un grupo asesor (otros cubanos encubiertos) durante varios meses.

La estadía del Che en la República Checa está poblada de incertidumbres y resulta difícil determinar si la inteligencia checa estaba o no al tanto de quién era Ramón Benítez. Este fue evidentemente un momento en la vida del guerrillero en el que se imponían ciertos balances. Habiendo abandonado el Ministerio de Industria en Cuba, pero sin abandonar la promesa de un cambio, Guevara tiene la convicción de que la Unión Soviética y el comunismo han fracasado en su dimensión humana.

Un gran acierto de Margarita Hernández es el de intervenir críticamente en un momento oscuro de la vida del revolucionario, ese momento en que el triunfo es parcial, considerando el caso de Cuba, China o la Unión Soviética, pero no total. Es aquí donde el Che percibe que aún en un sistema comunista, puede haber complicidad tácita con los países explotadores de Occidente. Así lo expresa en Argel en 1965: “Los países socialistas son en cierta forma, cómplices de la explotación Imperial”. Frase que deja ciertas secuelas con la relación con Moscú.

Y, por otro lado, este momento de transformación intelectual, también coincide con su último trayecto de vida. Puede ser que Che, memorias de un año secreto, termine un poco abruptamente, como si le faltara una coda, un respiro o un plano vacío para dar espacio al espectador para entender que lo que deviene luego –Bolivia– es el abismo. La muerte de esa promesa de cambio. Pero así y todo es una buena apuesta y un importante trabajo de investigación y rastreo de testimonios que merece la pena celebrarse.

CHE, MEMORIAS DE UN AÑO SECRETO
Che, memorias de un año secreto. Brasil/Argentina, 2019.
Dirección: Margarita Hernáncez. Música: José María Vitier. Montaje: Leida Nápoles, Mair Tavares. Producción: Wolney Oliveira.

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