Gary Oldman como el famoso guionista Herman J. Mankiewicz y en segundo plano Amanda Seyfried, personificando a la actriz Marion Davies.

Disponible en Netflix desde el 4 de diciembre.

Escena l – Interior de un cuarto que funciona como escritorio. Hay libros, DVDss y distintos objetos. En la biblioteca sobresale Ciudadano Kane, el libro de Peter Bogdanovich que es una larga charla entre el joven crítico y director con Orson Welles divertido e irónico, pero desgastado por su lucha por filmar películas y ser incomprendido. El cronista se sienta y escribe en la computadora.

David Fincher acaba de abandonar “Mindhunter“, una serie que fascinó a muchos de los espectadores de Netflix, un policial que se mete en la vida de investigadores de asesinos seriales, una especialidad de la casa ya que Fincher filmó al menos dos películas consideradas como entre las mejores del género: Seven y Zodiaco. Sin embargo la relación del director con el gigante de streaming sigue intacta y a cambio de la continuidad de esa serie el director filmó su proyecto más personal, que es una declaración de amor al cine clásico, una bofetada al sistema de estudios y una manera de darle el crédito como guionista a su padre, el guionista Jack Fincher, que murió en 2003 y que nunca había tenido el crédito como tal a lo largo de su carrera.

Mank es la película con la que Fincher seguramente apunta a varios reconocimientos cuando venga la temporada de premios y serán merecidos. Lo cierto es que para hablar de esta película hay que hacer un mínimo de historia de cine.

Cuando en 1942 se entregaron los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos se saldaron varias cuentas con Orson Welles, que había metido a la industria en una verdadera guerra de egos con su película Citizen Kane, nominada a varios rubros pero por la que solo ganó el de Mejor guión original, compartido por el genial Welles y su coguionista, Herman J. Mankiewicz. A partir de ahí todo lo relacionado con la autoría de esa película fue una de las grandes historias de conflictos dentro del cine y siguió hasta que en 1971, desde su pedestal de voz respetada en la cultura la crítica Pauline Kael se encargó en defender a Mankiewicz como verdadero autor de la historia de la película que muchos consideran el mejor film de la historia y de paso, la crítica californiana embestía contra la llamada Teoría del autor que algunos críticos y teóricos habían construido, quitándole el carácter de arte colaborativo e industrial que durante décadas habían sostenido los grandes estudios. Esas factorías donde todos eran meros peones de los caprichos de un grupo de excéntricos y despóticos magnates, de los cuales el peor era seguramente Louis B. Mayer, el jefe máximo de la MGM, aunque la verdad sea que siempre hay alguien más arriba y Mayer, carismático y bestial, ni siquiera resultaba ser el dueño de ese estudio majestuoso porque los que manejaban el dinero eran unos banqueros de la costa este de los Estados Unidos.

Escena ll – Interior de la cocina, luz de día. El cronista se prepara una taza de café y y unas tostadas y se sienta nuevamente frente a la computadora. Está un poco preocupado porque debe entregar lo que está escribiendo pero ya está atrasado y se da cuenta que escribió mucho y ni siquiera entró al tema central.

Mank narra el proceso de escritura de Citizen Kane y ubica a su personaje central en un punto más de su caída. Su carrera está acabada, para ese momento Mankiewicz era una especie de chiste gastado, un bufón de la corte que había sido destituido y se encuentra postrado por un accidente automovilístico. En ese estado recibe la visita del chico maravilla de la época, un Orson Welles de 23 años que acababa de filmar un contrato extraordinario que le daba una libertad que nadie más tendrá para filmar dentro del sistema de estudios, una situación insólita que se repitió recién en la década del setenta, cuando Woody Allen logró algo parecido, que se había juramentado que jamás haría nada con Hollywood sin asegurarse de tener el control total de su obra después de ver lo que un par de productores hicieron con sus guiones. Pero volvamos a Orson y a Mank. La joven estrella sabía que el guionista había quedado arrumbado por la industria, desechado por sus problemas con el alcohol y una acidez legendaria que Mankiewicz no dominaba cuando estaba ebrio y tomaba el control de su cabeza y de su estado de ánimo. Así postrado y sin futuro, el guionista acepta la oferta de trabajo que le llevó Welles, que incluía buen dinero pero con la condición de que su nombre no apareciera en los créditos de la película. Welles instaló a Mankiewicz lejos de Hollywood, le puso una enfermera y una secretaria, le mandó una máquina para que pudiera rehabilitarse del accidente y le dio 90 días para escribir el guión sobre un magnate de los medios. En dos horas debía contar, ascenso, apogeo y caída de Charles Forster Kane pero todos sabían que estaban hablando en realidad de William Randolh Hearst, dueño de buena parte de los diarios y de las cadenas de radio más importantes de la época. Mank engaña a su contratante un poco con la complicidad de John Houseman, el socio de Welles, porque no cumple con el requisito de abandonar la bebida pero aún así escribe el mejor guión de su vida. El tipo que se había lucido en esas oficinas multitudinarias donde trabajaban grandes escritores de la época haciendo películas de vampiros y western, ahora escribía solo y sin control de nadie. Pero para hacerlo necesitaba de la noche y del alcohol.

La película de Fincher avanza y retrocede en el tiempo confiando en la actuación deslumbrante de Gary Oldman, que maneja los hilos de la cosa y se puede presentar arrogante y despreocupado en los flashback, para volver a ser un personaje desencantado y casi sin hilo en el carretel cuando se lo muestra en la habitación en la que está confinado para escribir ese guión por encargo en el que ni siquiera aparecerá su nombre. Cuando el guionista pone el punto final y la industria lee lo que está por filmar Welles, los estudios se alborotan, los protagonistas reales conspiran contra la película y en el medio del caos Mankiewicz tiene una áspera charla con Welles donde le exige aparecer en los créditos porque tiene claro que es lo mejor que escribió en su vida.

La construcción de la película es apabullante, recrea todo lo que el Hollywood clásico podía hacer, Fincher dice que filmó en alta definición para después dañar la copia y que se vea como las películas en celuloide que por caso, atesora Scorsese.

La trama de Mank además se mete en la política de la época y de paso nos recuerda que las fake news ni siquiera son cosas del presente, porque cuando el escritor socialista Upton Sinclair se quiso presentar como candidato a gobernador de California, fue Hollywood con la ayuda de la cadena de medios de Hearst, los que destruyeron esa candidatura con noticieros falsos.

Fuera de la pelea entre los seguidores de Pauline Kael y los admiradores de Orson Welles, hay que decir a favor de Citizen Kane que sigue siendo una gran película llena de novedades para la época, realizada por los mejores de cada rubro que podía mostrar la industria y que su inspiración llega hasta estos días y nos da una de las mejores película de 2020. Lo peor de este estreno es que no se pueda ver en pantalla grande como merece ser vista.

¿Volveremos a las salas en algún momento o estaremos condenados a ver grandes películas en nuestros televisores y computadoras?

Escena lll – Final. El cronista prende lo que le queda de un puro que está por la mitad. Disfruta de un par de pitadas y abre una plataforma para ver una película de un agente secreto adolescente que tiene pendiente para ver cuando tenga un poco de tiempo. La luz del día indica que ya avanzó la mañana. En la computadora empieza la película, las volutas de humos invaden la habitación. Fundido a negro.

MANK
Mank. Estados Unidos, 2020.
Dirección: David Fincher. Intérpretes: Gary Oldman, Lily Collins, Tuppence Middleton, Amanda Seyfried, Charles Dance, Tom Burke, Leven Rambin, Tom Pelphrey, Arliss Howard, Toby Leonard Moore, Sam Troughton, Jamie McShane y Ferdinand Kingsley. Guion: Jack Fincher. Fotografía: Erik Messerschmidt. Música: Trent Reznor y Atticus Ross. Edición: Kirk Baxter. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Duración: 131 minutos.

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