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Cuando la Paramount compró los derechos de la novela de Mario Puzo que se llamaba El Padrino, lo hizo pensando en que tenían, posiblemente, una buena película de gángster Clase B. Un film de de presupuesto no demasiado alto con actores reconocidos, tipo Ernest Borgnine o Ryan O’Neal, nada extravagante, un negocio que no les iba a traer demasiados problemas. Hoy ya sabemos que la confluencia entre el productor Robert Evans y Francis Ford Coppola, transformó el proyecto en un gran éxito y con el tiempo se volvió clásico incombustible.

El suceso trajo una secuela para la cual Coppola logró sacarse de encima a Evans y hacer una película que además de la historia mafiosa y de la familia, una mirada sobre las corporaciones en Estados Unidos. Lo cierto es que la historia de la familia terminaba en un drama tremendo, con Michael Corleone tratando de sacar al apellido de la familia del estigma mafioso, premetiéndole a su esposa Kate que solo necesita tiempo para hacerlo. Pero ya sabemos que en este caso el tiempo no ayudó y la actividad de Michael se lleva puesta a parte de la familia y a su hermano Fredo. Kate, embarazada de un tercer hijo lleva adelante un aborto y le cuenta la novedad a Michael en la cara, sabiendo que con eso dinamitaba todos los puentes posibles entre ellos. Al final de esa segunda parte, Michael va demasiado lejos. La soledad del poder y el vacío de esa mirada penetraba al espectador.

Coppola siguió con su vida y aparecieron nuevos desafíos. Apocalipsis Now le consumió años de existencia, dio espacio para que se escribieran libros sobre esa aventura caótica que resultó el rodaje e incluso para que se hiciera un documental. Francis sobrevivió pero quedó golpeado.

En 1982 el director estrenó Golpe al corazón, otra obra maestra absoluta con actores no demasiados conocidos y banda de sonido compuesta por Tom Waitts. Comercialmente fue un fracaso, Coppola quebró, se quedó sin empresa, con prestigio pero sin crédito y se entregó a los estudios, haciendo películas de bajo presupuesto y algunas directamente por encargo. El genio había perdido su toque mágico y ahora tenía volver al llano.

Fue tal el quebranto que incluso volvió a trabajar con Robert Evans, el productor de El padrino con el que se había peleado brutalmente, pero ahí estaban de nuevo juntos en 1984 para filmar Cotton Club. Coppola fue saliendo del fondo y durante esos años se negó a echar mano de su saga más prestigiosa. Pero si el realizador italoamericano se había recuperado, la Paramount estaba en problemas y alguien miró la historia (que le pertenecía al estudio) y se preguntó si Coppola y Puzzo no estarían dispuestos a volver sobre la historia de los Corleone y si, esta vez los dos estaban dispuestos. Había mucha plata y muchas ideas. La compañía estaba lista para una franquicia y hasta tenían en los planes una cuarta parte con Di Caprio cuando ni siquiera estaba escrita la tercera. Coppola-Puzzo no estaban dispuestos a mercantilizar tanto el asunto y el guión que presentaron se llamó El padrino 3: La muerte de Michael Corleone y claro, llevó un tiempo convencerlos de no adelantar tanto en el título.

Hubo negociaciones pero no se logró reunir a todo el mundo, así que Tom Hagen, el consejero de Vito Corleone que interpretaba Robert Duval, no iba a ser de la partida. Pero habían fichado a Wynona Ryder para hacer de la hija de Michael y sumaron a Andy García para que hiciera de un hijo bastardo de Sonny, el hermano de Michael que en la original interpretó Jame Caan.

Esta vez la filmación también fue problemática porque cuando ya estaban a punto de arrancar, Ryder tuvo un ataque de pánico o algo así y se bajó del compromiso. Desesperado, Francis apeló a alguien que tenía cerca, era de confianza y sabía actuar pero no quería ser actriz necesariamente: Sofía, su hija. La película se volvía a meter con el tema familiar, las culpas que cargaba Michael y dos sub tramas una de las cuales era sobre la mafia y la otra traía a la pantalla la historia de las conexiones del Vaticano con las finanzas europeas y la muerte de Juan Pablo I.

Cuando El padrino 3 llegó a la salas de inmediato se desató la polémica. Es sabido que no hay nada peor que competir contra uno mismo -le pasó a Orson Welles con El ciudadano– y a la tercera parte no estuvo a la altura de las dos primeras. Desde la elección de Sofía Coppola para un papel central, pasando por Andy García que tuvo la responsabilidad de quedar como el nuevo jefe mafioso, hasta la duración, todo era discutido por el público y la crítica.

Pasaron treinta años desde aquel estreno, Coppola tuvo un par de éxitos posteriores y una lenta caída en el prestigio, que incluyó Tetro, una experiencia que resultó fallida y traumática para muchos de los participantes, entre los que hubo actores argentinos. También en ese lapso hubo dos reediciones de Apocalipsis Now. Porque como dice el productor Axel Kutchevatzky, “Coppola es un maestro en vender Director’s Cut de películas que originalmente eran suyas”.

Antes de ir al último acto de todo esto recordemos que hubo una edición para televisión que ordenaba la historia de los Corleone de manera diferente, sin saltos en el tiempo. Arrancaba con Vito Corleone interpretado por Robert De Niro y seguía cronológicamente de allí en más.

Para celebrar los treinta años de El padrino 3, Coppola anunció una nueva versión de la película y eso es lo que desde hace un tiempo se está viendo en distintas plataformas y que se puede ver en Flow pagando un módico alquiler por 48 horas.

El padrino: epílogo. La muerte de Michael Corleone es la versión definitiva de la película que todos veían como el patito feo de la trilogía. El director tomó la copia original y la compaginó nuevamente. Donde había una introducción un poco lenta metió un dialogo concreto entre Michael Corleone y un obispo de manera de que no haya distracciones, cargó más las culpas de Michael y aligeró un poco todo. En total redujo casi 10 minutos del metraje original y tocó la escena final.

A partir de acá entramos en una zona de spoiler pura y dura, así que si alguien quiere sorprenderse viendo la nueva versión mejor que no siga. Pero para que no se queden con las dudas adelanto que la nueva versión mejora un poco la original.

La película arranca de lleno con el tema de las finanzas y el Vaticano, de la carta con la que arrancaba la versión original en la que Michael le pedía a los hijos que participen de la fiesta que se está organizando quedan apenas unos párrafos. La fiesta sirve para presentar el cuadro familiar, contarnos que Mary (Sofía Coppola) es una adolescente con las hormonas en ebullición que encuentra su destino con la llegada de Vincent (Andy García). El hijo ilegítimo de Sonny es apoyado por Connie (Talia Shire) que se muestra como una especie de reservorio del legado familiar. De paso se muestra el embrollo que hay en la mafia con este asunto de que Michael está dejando los negocios. Mientras el jefe piensa en lavar el apellido y meterse en negocios legales, las familias del hampa se agitan, quieren su parte y ya no tienen tantos pruritos sobre el tema de incorporar negros y latinos para sumar el negocio de las drogas. Joey Zaza (Joe Mantegna) lo dice casi con orgullo “Esto es América”. Pero Zaza es apenas la punta del iceberg porque el problema de fondo son los viejos aliados y sobre todo Ozzie Altobello (Eli Wallach), un conocido de Vito Corleone que conserva las tradiciones sicilianas. La interna familiar incluye a un hijo díscolo que lejos de seguir los negocios del padre anuncia que quiere ser cantante lírico y es ayudado por su madre. Michael está un poco reblandecido y deja que su hijo haga su camino. También hay un momento para que se luzca Bridget Fonda, aunque hay que decir que a historia queda descolgada y uno se pregunta que habrá pasado que desaprovecharon tanto a Bridget sobre todo pensando que ya habían perdido a Wynona Ryder.

Hasta llegar a los últimos cuarenta minutos se advierten cambios, recortes y ajustes. Algunas cosas están bien, otras siguen mostrando que no están a la altura de las predecesoras, pero se llega entonces al momento en que la familia Corleone viaja a Sicilia. Allá se terminarán de cerrar las negociaciones por el tema del Vaticano, se definirá la interna mafiosa y sobre todo quedará sellado el destino trágico de Michael, único protagonista de toda la historia, que verá morir a su hija por una bala que lo tenía como destinatario. De allí se pasaba a un flashback donde se veía a las mujeres de la vida de Michael y ahora solo hay una escena de baile con la hija. Esos minutos operísticos mantienen la misma tensión y allí no se advierten cambios hasta que se llega al plano final. Michael está con unas naranjas en la mano sentado en una sillita en la residencia siciliana. Si Vito, el iniciador de la historia familiar murió jugando con su nieto y bromeando con unas naranjas el destino de Michael es la soledad absoluta. A pesar de anunciar la muerte de Michael Corleone en el título, Coppola corta esa escena. No lo vemos desplomarse, se pone los anteojos oscuros y se queda tieso en la silla. No mostrar la caída de la silla es una decisión que sin modificar del todo la película la vuelve un poco más terrible y le agrega eso si una leyenda sobre el carácter de los sicilianos.

¿Son fundamentales los cambios? ¿Necesitaba Coppola reivindicar de alguna manera el proyecto general? ¿Paramount estaba necesitada de dinero?

Quién sabe cuál fue la razón para volver sobre esta película, pero el resultado es un poco mejor y se ajusta un más al proyecto general, si bien sabemos que tal cosa nunca existió. La tercera parte de la historia sigue manteniendo problemas de origen pero quizás sea hora de admitir que las críticas a Sofía Coppola fueron desmedidas. Lo que queda claro es no hay muchos directores como Francis Ford Coppola y que El padrino sigue siendo una fiesta para los amantes del cine.

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