Disponible en el sitio web de Cinemark Hoyts Argentina.

La visión de la última película del realizador mexicano Michel Franco hace que uno se plantee el problema de la representación en relación al presunto mensaje que se transmite o se quiere transmitir, en particular la representación de la violencia y la crueldad. Nuevo orden se presenta como una distopía en un futuro muy cercano o en tiempo casi presente. Una revuelta sangrienta, un estallido violento seguido de una represión brutal y el establecimiento de un régimen dictatorial.

El escenario de la primera parte de la película es una mansión en la ciudad de México donde se celebra un casamiento de clase alta. Paralelamente en la ciudad se ha desatado un estallido social con inusitadas dosis de violencia que sugestivamente no están recibiendo respuesta por parte de las autoridades. En la primera escena vemos un hospital desbordado por la masa de heridos que van llegando, como para dar una magnitud de la tragedia que está en pleno desarrollo y parece incontrolable. La mansión es asaltada por varios manifestantes armados que toman como rehenes a los invitados a la boda y saquean el lugar dejando a su paso un tendal de muertos y heridos.

En un segundo tramo, cuando ya el caos en las calles alcanzó proporciones de desastre, aparecen las fuerzas de seguridad ejecutando una represión brutal, seguida de un toque de queda estricto y un golpe de estado que usa como excusa para legitimarse el mismo estallido que se dejó desbordar. Mientras, en otro lugar de la ciudad, un grupo de soldados o paramilitares (actuando por las suyas o no) aprovechan el descontrol para secuestrar personas de clase media o alta (una de ellas la novia de la boda) y pedir rescate. En tanto mandan los ultimatums, los mantienen cautivos y los someten a todo tipo de vejámenes mostrados con total crudeza.

Franco demuestra una visión nihilista e impiadosa, deudora de la idea del hombre como lobo del hombre donde levantadas o vulneradas, aunque sea temporalmente, las barreras y la vigilancia lo que sucede es el asesinato, la rapiña y todas las formas de crueldad y violencia, incluso las más gratuitas. Franco le arroja en la cara al espectador una exhibición de atrocidades más para aturdirlo que para concientizarlo. Así desfilan escenas de violaciones, torturas, ejecuciones y varias formas de humillación y sometimiento, menos por fines utilitarios que por puro sadismo. Aquí es donde se plantea la pregunta por la representación. En qué medida esta exhibición es la denuncia de un sistema injusto, de una violencia estructural y de los abusos a los que son sistemáticamente sometidas las clases populares, o si termina termina naturalizando lo mismo que se denuncia en la medida en que lo que presenta es un estado de cosas inamovible y una naturaleza humana esencialmente egoísta y depredadora, donde no hay salida posible y cualquier muestra de humanidad va a ser duramente castigada. En medio de todas las miserias mostradas en el transcurso del film, los únicos personajes que tienen una actitud solidaria pagan muy caro su actitud. Por su parte, la revuelta contra el sistema es brutal y espasmódica y solo termina sirviendo de excusa para que el poder establecido se afiance y apriete todavía más la soga a los de abajo.

El film, ganador del Premio del Jurado en el Festival de Venecia, viene precedido de una polémica en su país de origen. Las acusaciones hablaban de clasismo y racismo por la victimización de los blancos de clase alta y el retrato brutal de los mexicanos de clase baja mestizos y de piel oscura. No obstante, de la visión de la película se puede inferir que Franco es bastante democrático a la hora de distribuir su desprecio por la humanidad y que el miserabilismo alcanza a todos los estratos, cada uno ejerciéndolo según su idiosincrasia. Los blancos ricos son mezquinos, falsos, egoístas y carentes de solidaridad, características que se evidencian en la forma en que reciben y despachan a un viejo empleado que viene a pedir ayuda para su esposa enferma. Solo la novia va a querer ayudarlo con consecuencias nefastas para ella. Los pobres de tez oscura no son mucho mejores. Los manifestantes (¿el pueblo?) son una masa enardecida, poseída por el odio y el resentimiento, sin reivindicaciones claras ni un plan de lucha, embarcados en una revuelta irracional e inviable. Los soldados, también de tez oscura, hacen con sus víctimas un despliegue abrumador de sadismo. Los sirvientes de la casa cuando ven a sus patrones sometidos aprovechan para saquear y escupir el rencor acumulado contra sus amos. Solo dos de ellos mostrarán una actitud solidaria con respecto a la novia secuestrada y tampoco les va a ir bien.

Nuevo orden es una película dura, incómoda, por momentos difícil de soportar, que se justifica a sí misma en su vocación de denuncia. El propio Franco expresó que se trataba de “una advertencia”. Su puesta en escena es prolija, fría y distante, dando muy poco lugar a la empatía con unos personajes que están ahí para someter y ser sometidos. El tono general es grave y con una ambición evidente cuando vemos destacada en el plano una imagen emblemática de México D.F. como la Columna de la Independencia (donde descansan los restos de varios héroes nacionales), o en el plano cerca del final donde la bandera mexicana flameando ocupa toda la pantalla, dando cuenta de que se quiere hablar del México presente sumido en la desigualdad social y tomado por la violencia. La cuestión es si señalar un sistema injusto e inhumano desde el nihilismo y la misantropía, donde cualquier intento de ir en su contra es una expresión de barbarie o un acto de ingenuidad, no termina entregando, involuntariamente o no, un mensaje conservador.

NUEVO ORDEN
Nuevo Orden. México, 2020.
Dirección: Michel Franco. Intérpretes: Naian González Norvind, Diego Boneta, Mónica del Carmen, Darío Yazbek Bernal. Guión: Michel Franco. Fotografía: Yves Cape. Montaje: Óscar Figueroa, Michel Franco. Música Original: Cormac Roth. Producción: Michel Franco, Eréndira Núñez Larios, Cristina Velasco. Producción Ejecutiva: Charles Barthe, Diego Boneta, Cecilia Levy Franco, Lorenzo Vigas. Diseño de Producción: Claudio Ramirez Castelli. Duración: 88 minutos.

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