Disponible en la plataforma Mubi.

Beginning es un hueso duro de roer, sus tiempos lentos y su clima opresivo pueden abrumar al espectador. Todo arranca con un grupo de estudios religiosos cristiano que sufre un atentado con bombas molotov y las llamas consumen el edificio mientras los feligreses, que al momento del incidente se encontraban debatiendo el pasaje de la biblia en el que Dios le ordena a Abraham que sacrifique a su único hijo como ofrenda, miran como se destruye todo.

De ahí en más Yana (Ia Sukhitashvil), la protagonista), comienza a sufrir y no va a parar hasta que la película termine. La película está construida con largos planos de tiempos estirados hasta el infinito y funciona como un alegato acerca de la vida en Georgia y el machismo de esa sociedad.

Un policía que se presenta como el investigador del incendio que se ve en el comienzo se vincula con Yana en una relación a la que llamar tóxica es quedarse corto. Las humillaciones que sufre la mujer se van volviendo cada vez más alienantes y su punto culminante es una escena de violación que pone al relato a la altura de obras de autores que hacen del sufrimiento y la humillación una especie de bandera, como Lars von Trier o Gaspar Noé, expertos en hacer pasar un mal rato al espectador. En este sendero la directora Dea Kulumbegashvili junto a Rati Oneli captaron la atención de programadores y del púbico de distintos festivales internacionales, donde ha cosechado aplausos y premios. El exotismo y la perversión en los festivales son una especie de cocktail irresistible para los especialistas y Beginning combina los ingredientes de manera sofisticada y certera, aunque ya no sea tan original.

Más allá de la observación por esta inclinación hacia los sociópatas de cierta clase de cine hay que decir que la película tiene una calidad imposible de negar, pero cada uno de los 161 minutos del relato (¿la duración se puede tomar como otra especie de perversión?) convierte a Beguining en una experiencia perturbadora.

BEGINNING
Dasatskisi. Georgia/Francia, 2020.
Dirección: Dea Kulumbegashvili. Guion: Dea Kulumbegashvili y Rati Oneli. Intérpretes: Ia Sukhitashvili, Kakha Kintsurashvili y Rati Oneli. Duración: 161 minutos.

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