Disponible en Netflix

Desdibujar los límites entre el documental y la ficción genera cierta inquietud sobre la orientación de la obra. ¿Es una historia real o producto de la imaginación?. ¿Qué hay de cierto en lo que narra? Sin embargo, la elección de combinar distintos estilos narrativos es el gran acierto de El agente topo, de la realizadora chilena Maite Alberdi. La película nos ofrece un relato, aparentemente, inverosímil y hasta insólito, que toma forma de documental de observación para hablar de la vejez, las relaciones humanas y el rol de la sociedad frente a los ancianos.

El inicio de la película explora la búsqueda laboral que realiza la agencia privada del detective Rómulo Aitken. El aviso se dirige a hombres mayores (entre 80 y 90 años) que deseen trabajar como agentes secretos en un geriátrico. Entre los que se presentan, queda elegido Sergio Chamy, un viudo de 83 años, que tendrá como objetivo averiguar si la madre de la clienta recibe los cuidados adecuados de parte del personal de la institución o está siendo maltratada por ellos. Sergio deberá hacerse pasar por un interno durante tres meses hasta hallar la verdad.

Emulando ser una película de detectives y en tono humorístico, Rómulo entrena a Sergio con los “tips” para hacer espía y le entrega la tecnología adecuada para hacerlo. Deberá aprender a usar el whatsapp, grabar audios, enviar fotos, y hasta hablar en código. Una vez internado y cumpliendo con la observación hacia la mujer en cuestión, el juego de espionaje se irá transformando en una lúcida y cercana mirada sobre la soledad, el abandono, los afectos y el rol de los hijos con los padres.

La temática sobre “la tercera edad” vuelve a ser el foco de interés de la joven realizadora, como demostró en sus películas Yo no soy de aquí (2016) y La Once (2015). La diferencia con las anteriores, radica en el origen y en el desarrollo que fue tomando el proyecto. “Quería hacer un documental sobre detectives porque consideraba que las películas de detectives son sólo del terreno de la ficción, comentó la directora en una entrevista a la prensa del Festival de San Sebastián, “Investigué las agencias de detectives de Chile, puestas por policías retirados. Durante ese proceso, apareció en la agencia el pedido de investigación sobre este caso, y decidimos sumarlo al documental que filmábamos sobre la vida de las ancianas del hogar”.  

Partiendo de ese objetivo, el proceso de convivencia de una película dentro de otra, comenzará a focalizarse en el rol de Sergio, un hombre sereno y cálido, de quien veremos el proceso de cambio que le produjo el lugar. A partir de la interacción que tienen con las mujeres del geriátrico, nos volvemos testigos de sus historias, experiencias, deseos, y falencias. Frente a aquel universo desconocido, Sergio descubre la oportunidad para solidarizarse con ellas, en vista a la necesidad de ser escuchadas y disfrutar de la compañía de alguien.

El relato equilibra muy bien los distintos momentos emotivos por los que atraviesa el personaje, sin recurrir a golpes bajos o a sentimentalismos. De esa forma, los reportes diarios de su investigación, se mechan con el registro cotidiano del hogar, dando cuenta de los vínculos y afectos que se forman, como de la angustia de quienes fueron olvidadas.

En su exitoso paso por los principales festivales internacionales de cine, El agente topo recibió una nominación en los premios Goya como Mejor Película Iberoamericana y competirá en los Oscar en dos categorías: Mejor Largometraje Documental y Mejor Película de Habla no Inglesa, además de otros premios que fue cosechando.

De cara a un tema de gran sensibilidad y realismo, la prometedora cineasta Maite Alberdi logró un eficaz manejo de géneros y lenguajes que le permitieron sorprender, divertir y conmover al espectador, sin dejar de reflexionar sobre un sector que no puede ser descartado.

EL AGENTE TOPO
El agente topo. Chile, 2020.
Dirección y guion: Maite Alberdi. Intérpretes: Sergio Chamy, Rómulo Aitken, Marta Olivares, Berta Ureta. Productores: Micromundo Producciones, Motto Pictures, Sutor Kolonko, Volya Films y Malvalanda. Fotografía: Pablo Valdés. Música: Vincent van Warmerdam. Duración: 84 minutos.

Compartir