"Flores de fuego", de y con Takeshi Kitano.

Donald Richie, experto en la historia del cine japonés, señala: “Los independientes de la actualidad están mostrando una nueva especie de japonización. La divergencia entre lo tradicional y lo no tradicional está mucho menos marcada. Ya no es una preocupación si algo es tradicionalmente japonés o no lo es; nadie puede decirlo, y a nadie le importa. No hay que preservar la tradición. Hay que aumentarla a medida que se asimilan las riquezas del resto del mundo”.

Tomando las palabras del historiador y especialista en la cultura japonesa, de los recorridos posibles y el necesario recorte de apenas una media decena de títulos, la síntesis (apenas un asomarse) arroja como resultado un puñado de películas de autores ineludibles como Hirokazu Koreeda, Noami Kawase, Hayao Miyazaki, Takashi Miike y Takeshi Kitano.

Un asunto de familia / Manbiki kazoku, de Hirokazu Koreeda (2018). Con Kirin Kiki, Sôsuke Ikematsu, Lily Franky y Moemi Katayama.
En el seno de una familia numerosa y pobre, Osamu encuentra de camino a su casa, a una niña en medio de una noche glacial. Su llegada marcará cierta resistencia en el entorno, pero cuando comprueban los maltratos a los que estaba sometida, deciden cuidarla entre todos sin dar aviso a la policía. El dinero y el trabajo escasean, pero son unidos y se muestran felices con lo que tienen y hacen. Sin embargo, un repentino accidente cambiará el rumbo de sus vidas ya que revelará un pasado que esconde importantes secretos. Esos hallazgos, pondrán a prueba sus vínculos afectivos y el amor que construyeron.
HIROKAZU KOREEDA (1962) comenzó su carrera en la televisión como documentalista para derivar en el largometraje de ficción a mediados de los noventa. Sus películas se destacan por el carácter observacional y detallista de la sociedad japonesa a través de historias donde las situaciones cotidianas ponen a prueba los modelos de familia, la importancia de la memoria, los afectos, la muerte y la trascendencia. La sensibilidad de su mirada opta por un registro que se sitúa entre el límite del documental y la ficción. A las influencias del cine de Yasujirō Ozu, en relación a la puesta en escena familiar, Koreeda ofrece una nueva mirada compositiva más moderna sobre los lazos filiales. Dosifica la información y maneja magistralmente la sutileza, lo no dicho y el conflicto latente hasta provocar un giro inesperado en la historia. Su cine también evidencia el compromiso con problemas de la actualidad japonesa, como el maltrato infantil.

Disponible en Netflix

El bosque del luto / Mogari no mori, de Noami Kawase (2008). Con Machiko Ono, Shigeki Uda, Makiko Watanabe, Yoichiro Saito y Kanako Masuda.
Es un relato intimista, de dos seres que se encuentran y se acompañan en el duelo que ambos atraviesan. Shigeki vive en una residencia de ancianos, donde es cuidado por una trabajadora social llamada Machiko. Ambos forman un vínculo de amistad que los ayudará a enfrentar la ausencia y cerrar un ciclo que les permitirá seguir adelante.
La mirada de Kawase sobre lo cotidiano, los vínculos, la muerte y la naturaleza fluye a través del relato que se destaca por su lirismo visual. El bosque del Luto es una película intensa y maravillosa que nos acerca a una gran realizadora.
NOAMI KAWASE nació en los suburbios de Nara en 1969. Sin ver mucho cine y televisión, comenzó filmando documentales autobiográficos sobre la ausencia de sus padres y su crianza junto a su abuela hacia fines de los noventa. En su salto a la ficción, ella se identifica por un cine más realista, inspirado en sus vivencias, como se hacía en el cine japonés de los cincuenta, y se diferencia de sus contemporáneos que se inclinan, mayormente, a la representación.
Kawase explora en cada encuadre un vínculo sensorial y emotivo entre la naturaleza (lo externo) y la belleza (interior) de los personajes unidos en una comunión de sentidos. La delicadeza de los movimientos de cámara y su mirada cercana a lo que registra con detenimiento, le imprime un dominio narrativo de corte impresionista.

Disponible en Mubi

El viaje de Chijiro / Sen to Chihiro no kamikakushi, de Hayao Miyazaki (2001). Con Rumi Hiiragi, Miyu Irino, Mari Natsuki, Takashi Naitô, Yasuko Sawaguchi, Tatsuga Gashûin, Ryûnosuke Kamiki, Yumi Tamai, Bunta Sugawara, Takehiko Ono. 
Narra la historia de una niña de 10 años que junto a sus familia acceden a un mundo extraño donde los humanos no son bien recibidos. Allí, la gula de sus padres los convierte en cerdos y ella deberá salvarlos y volverlos a su estado natural. En su lucha por sobrevivir comenzará a trabajar en una casa de baños dirigida por una bruja a la que asisten dioses y espíritus milenarios. Chihiro que deberá defender su nombre, ya que la llaman de otra manera, contará con nuevos amigos y misteriosas criaturas, con quienes emprenderá un viaje hacia la madurez, al que no le faltará la dosis adecuada de intriga, asombro, nostalgia y encanto.
HAYAO MIYAZAKI (1941) es uno de los grandes maestros y productores en el campo de la animación, y junto a Isao Takahata fundó el mítico Studio Ghibli.
Miyazaki es el creador de un bellísimo y elaborado universo audiovisual donde el realismo se fusiona con lo fantástico, y la metáfora con el simbolismo de los objetos que representa. La elaboración detallista de sus increíbles criaturas y personajes, como de la musicalización a cargo del compositor japonés Joe Hisaishi forman un estilo inconfundible que se aleja del clásico animé. Sus historias contienen delicados mensajes humanistas, sociales y hasta ecologistas, ya que la naturaleza tienen un papel destacado en sus películas.

Disponible en Netflix

Audition / Ōdishon, de Takashi Miike (1999). Con Ryo Ishibashi, Eihi Shiina, Yasuhisa Yoshikawa, Shigehiko Aoyama, Ryoko Aoyama.
Basada en la novela de Ryu Murakami, uno de los escritores contemporáneos más destacados de la literatura japonesa, transita entre el romance, el soft porn y el terror psicofísico. La película acentúa el rol de la mirada y el deseo sexual en relación al rol de la mujer como objeto estético de goce dentro de una sociedad patriarcal.
Aoyama, un viudo cuarentón, convoca un casting para una película inexistente con la intención de encontrar una esposa. A la audición, de allí el nombre de la película, se presenta Asami, una hermosa y delicada joven que al seduciro lo volverá una víctima más de su sangrienta venganza. El personaje fusiona lo casto y virginal con un despliegue de sadismo sofisticado. Las imágenes de Audition hechizan y cautivan por su elaborada composición visual, como por aquello que cultiva como un secreto.
TAKASHI MIIKE (1960) oriundo de Yao, en las afueras de Osaka, vivenció una niñez difícil rodeado de yakuzas, inmigrantes coreanos y un padre alcohólico. Con un futuro incierto aprendió el oficio de cineasta junto al director Shohei Imamura. El prolífico y versátil Miike realizó más de cien películas explorando todos los géneros, a los que reinventa acorde a sus historias. La inclinación por los excesos, la ultraviolencia, el terror, la sexualidad y lo inesperado o incongruente forman parte de su impronta y estilo narrativo que no permite clasificarlo en una categoría o género determinado.
Censurado, incomprendido, controversial y también amado por muchos, que lo consideran un cineasta de culto, Miike supo ganarse un lugar entre los autores que se permiten cuestionar los límites de la representación.

Disponible en Mubi

Flores de fuego / Hana bi, de Takeshi Kitano (1997). Con Takeshi Kitano, Kayoko Kishimoto, Tetsu Watanabe, Ren Osugi, Susumu Terajima, Yasuei Yakushiji, Tarô Itsumi, Makoto Ashikawa, Yûko Daike.
Narra la historia Nishi (Kitano), un policía fracasado, que atraviesa varios conflictos personales. Carga con la culpa del accidente de su compañero Hokibe; a lo que se suma la angustia por la enfermedad terminal que padece su esposa, y la deuda que mantiene con la mafia japonesa que lo sigue de cerca.
La película maneja todo el tiempo la dualidad, confrontando la vida y la muerte; la violencia y el arte; la frialdad del personaje con la calidez humana. Con escasos diálogos, los planos secuencia se alternan con un montaje que toma velocidad durante las peleas, buscando siempre hallar la armonía en medio del caos a través del uso de la música y sus pinturas. Una búsqueda narrativa que la vuelve vital y poética, al mismo tiempo.
TAKESHI KITANO (1947) es actor, comediante, pintor y realizador, se ha transformado en ícono dentro de los cineastas japoneses contemporáneos. La influencia del manga, las raíces en la tradición cultural, el despliegue coreográfico en las peleas entre bandas yakuzas y un humor muy particular, lo volvió muy consumido por los jóvenes japoneses y exportado al mercado de cine occidental. Kitano construye sus historias sin un guion y prefiere rodar en plano secuencia, sin repetir ninguna escena imperfecta. Su estilo se evidencia en el manejo de una tensión que se mueve entre dos extremos en constante equilibrio. Las escenas van desde el estatismo de una cámara contemplativa junto a la impasibilidad de su rostro, al estallido de un movimiento repentino, para registrar una caótica y sangrienta escena de violencia donde dialogan diversos géneros.

Disponible en Mubi

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