"Bandido", de Luciano con Osvaldo Laport, abrirá las 22 edición.

Bandido es el nombre artístico de Roberto Benítez (Osvaldo Laport), una estrella exitosa de música popular, acostumbrado a la fama, el calor del público, los pedidos de fotos y autógrafos. Acostumbrado no quiere decir satisfecho y ya desde el plano secuencia que inaugura el film lo vemos en un backstage, saludando con fórmulas de compromiso y saliendo a escena con evidente desgano a enfrentar a un público al cual no podemos distinguir (e intuimos que él tampoco) difuminado por las luces que lo muestran como una masa indiferenciada. Bandido perdió las ganas, el hambre, el fuego o aquello como queramos llamar a ese ansia por subirse a un escenario. Así se lo comunica a su manager en un alto en la ruta: “No puedo más”, planteando la necesidad de retirarse, cumplir con sus últimos compromisos de grabación y actuaciones y después dejar la música. 

De regreso a su casa en un barrio privado, donde vive en una soledad solo interrumpida por su hija recién separada, es asaltado con su auto y dejado a pie ante un barrio humilde. El cura del lugar lo ayuda y allí se encuentra casualmente con un viejo músico amigo a quien no ve desde hace más de treinta años. Este encuentro será clave en la vida de Roberto, quien a partir de ese momento se involucra en los problemas del barrio, el cual está enfrentando a una empresa que está por instalar en medio de la zona habitada una antena de telefonía con el previsible riesgo para la salud de los vecinos. Roberto ofrece su actuación en un festival de resistencia y participa activamente, encontrando en ese lugar y con esa gente el entusiasmo y la motivación que su exitosa carrera ya no le daban. 

Y es que Bandido es a su vez una película de intención motivacional que plantea la posibilidad y la necesidad de elegir, de las decisiones que pueden encauzar de un modo u otro la vida. Como parte de esa vocación es de algún modo simplista y maniqueísta, con personajes muy buenos como el amigo entrañable y los vecinos solidarios o muy malos como el manager solo interesado por la plata, la representante de la empresa o la madre de su hija a quien no vemos pero nos enteramos portadora de todos los prejuicios. Para llevar adelante su mensaje acude a diálogos declamativos y a una diferenciación tajante y sin matices entre un mal representado en esa carrera exitosa y decadente y ese lugar de pureza con el que Roberto viene a reencontrarse. La forma en que se representan las actuaciones con que abre y cierra el film dan cuenta bien de ese contraste.  

El film del realizador cordobés Luciano Juncos tiene algunas similitudes de planteo con otras películas de cantantes en crisis, como El último Elvis, pero sin dejarse llevar por el patetismo y  la crueldad. Lo más destacado de Bandido es la actuación de Osvaldo Laport, un actor que ha sido poco aprovechado en el cine argentino. Aquí está en un papel a medida, como un personaje castigado y hastiado pero con ganas de recuperar las ganas y salir adelante, con una actuación entre sobria y emotiva, a veces al límite pero sin caer en el desborde, apelando a la empatía y la sensibilidad. 

BANDIDO
De Luciano Juncos (Argentina, 2021, 95 minutos)

Compartir